Archivos Mensuales: febrero 2014

El Abogado en el Siglo XXI

El Abogado del siglo XXI debe tener ciertas cualidades: capacidad negociadora, equidad, ecuanimidad; en consecuencia, los abogados deberán tener conocimientos de mediación, conciliación e incluso ser una especie de psicólogos y sociólogos, todo esto con la finalidad de evitar largos procesos legales que distan completamente de la rapidez y agilidad que demandan, actualmente, las relaciones comerciales y en general, las relaciones jurídicas de la sociedad.

LOS AVANCES CIENTÍFICOS Y TECNOLÓGICOS, así como las transformaciones sociales, políticas y culturales, fruto del incontenible transcurso del tiempo repercuten en todas las ramas el saber y en fin, sobre la conducta humana. La labor del Abogado no está al margen de éstos cambios, por el contrario, en la actualidad el profesional del derecho se ve obligado a adaptarse a las nuevas exigencias y necesidades que presenta la sociedad. En este contexto, el Abogado del siglo XXI requiere mayor preparación y destrezas, que no se limitan estrictamente a los conocimientos jurídicos sino a disciplinas extrajurídicas, cuyo dominio implica un mejor perfil profesional y en consecuencia, la posibilidad de obtener mejores oportunidades en un entorno profesional tan competitivo.

Tradicionalmente el buen abogado ha sido concebido como aquel que más juicios o contiendas legales gana; sin embargo, ese concepto ha ido evolucionando; y, hoy por hoy es posible afirmar que el profesional del derecho más eficaz es aquel que logra solucionar los conflictos extrajudicialmente, que tiene la facultad de persuadir a las partes para que cedan en sus pretensiones y lograr un acuerdo; para tal efecto, el Abogado del siglo XXI debe tener ciertas cualidades: capacidad negociadora, equidad, ecuanimidad; en consecuencia, los abogados deberán tener conocimientos de mediación, conciliación e incluso ser una especie de psicólogos y sociólogos, todo esto con la finalidad de evitar largos procesos legales que distan completamente de la rapidez y agilidad que demandan, actualmente, las relaciones comerciales y en general, las relaciones jurídicas de la sociedad.

Por otro lado, el gran número de abogados que existe en nuestro país, genera una fuerte competencia, que obliga a los profesionales a especializarse en las diversas ramas que comprende el derecho; las mismas que no se agotan en las materias tradicionales como el derecho laboral o societario, sino que ofrece una amplia gama de alternativas que aumenta en gran medida en base al desarrollo de la ciencia y la tecnología, así, actualmente se escucha hablar de Derecho Informático, Derecho Ambiental, entre otros.

Dentro de las disciplinas extrajurídicas que el abogado debe dominar está la informática, el profesional del presente siglo debe conocer y manejar con solvencia las herramientas y sistemas informáticos, que no sólo facilitan su trabajo y optimizan su tiempo sino que además les permiten mantenerse permanentemente actualizados, como es el caso de la red de Internet, a través de cual se puede acceder a la más vasta información, así como exponer, analizar, discutir, intercambiar distintos puntos de vista sobre temas legales específicos mediante salas o foros virtuales.

El proceso de globalización también trae repercusiones para los profesionales del derecho. En un mundo sin fronteras es imprescindible la utilización de una lengua única que permita facilitar intercambios culturales, económicos, tecnológicos, científicos. Sin lugar a dudas, este idioma es el inglés. La red de internet que en su gran mayoría se encuentra dominada por esta lengua es una muestra de ello y de la necesidad de que los abogados se preparen en el aprendizaje de este idioma o al menos un idioma extranjero.

De lo dicho se desprende que actualmente, la preparación del Abogado debe ser integral e interdisciplinaria, no puede limitarse a la ciencia del derecho, debe comprender conocimientos de informática, idiomas extranjeros, administración de empresas, economía y en fin todas aquellas materias que tiene relación con cada una de las ramas del derecho. La ciencia del derecho está llamada a normar y regular la conducta humana, bajo esta premisa el Abogado debe prepararse para afrontar y adaptarse a los cambios y las nuevas tendencias futuras.

(*) Este artículo fue compilado por Jose Carlos Manrique Lazarte investigando a varios autores, uno de los mas importantes y precisos fue la del abogado Salvadoreno radicado en USA Salvador Jucandella en su obra “El Abogado Transnacional del Siglo XXI”.

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COMENTARIO PERSONAL:
NUESTRA EDUCACIÓN PROFESIONAL NO ESTÁ VIENDO HACIA DONDE SE MUEVE EL MUNDO…EL MUNDO YA CAMBIÓ, Y NOSOTROS SEGUIMOS POR LA RUTA DEL PASADO, BAJO EL MISMO PATRÓN DE HACE 50 AÑOS…LOS TIEMPOS DE LAS ESPECIALIAZACIONES CADA VEZ SE IRAN REDUCIENDO EN EL MUNDO GLOBALIZADO, EN DONDE SE ESTA EXIGIENDO DE TODOS LOS PROFESIONALES  QUE SEAN POLIVALENTES. ES DECIR:
LOS PROFESIONALES DEL FUTURO REQUERIRAN:

-CONOCIMIENTOS DE OTRAS LENGUAS
-HABILIDADES DE COMUNICACIÓN VERBALES Y ESCRITA
-CAPACIDAD DE TRABAJAR EN EQUIPO
-CULTURA GENERAL QUE LES PERMITA DESARROILLAR CAPACIDADES DE ANALISIS DE LOS CAMBIOS SOCIALES Y POLITICOS DE TODO EL MUNDO
-CAPACIDAD PARA MANEJAR PROBLEMAS Y CONFLICTOS Y NO SÓLO ENCAUZARLOS O DELEGARLOS A TERCEROS
-TODO ESTO Y MÁS ES APLICABLE TAMBIÉN A LOS ABOGADOS DE ESTE SIGLO.

RECOMENDACIÓN: LO PRIMERO ANTES DE PENSAR EN UNA ESPECIALIZACIÓN O MAESTRÍA: APRENDAN INGLES, SE LES VA A EXPANDIR SU HORIZONTE CULTURAL Y PROFESIONAL ENORMEMENTE

FPD

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Elogio de la dificultad

Elogio de la dificultad

Por Alfredo Dillon

El valor del esfuerzo, la importancia de que el docente sea un investigador y la decadencia cultural de la clase media son algunos de los temas que recorre el filósofo argentino Tomás Abraham en este diálogo con Clarín Educación.
Tomás Abraham reivindica el valor del esfuerzo y asegura que estudiar es un oficio. /EMILIANA MIGUELEZ

Suele decirse que Tomás Abraham es un filósofo provocador. Su mayor provocación, probablemente, sea que se anima a pensar con libertad, y no teme pagar por eso el precio de quedarse solo. Responsable de haber introducido el pensamiento de Michel Foucault en nuestro país, director del Colegio Argentino de Filosofía y autor de numerosos libros (el último, El no y las sombras, fue publicado este año por Eudeba), Abraham es, además de filósofo, docente. Desde hace casi 30 años enseña Filosofía en el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires, además de dar clases en varias universidades argentinas y extranjeras. En esta entrevista con Clarín Educación, luego de dar una charla en el ciclo Ser Director de la Universidad Di Tella, Abraham reivindica el valor del esfuerzo, asegura que estudiar es un oficio y que el argumento de la “inclusión” no debería encubrir lo que él llama “la mediocridad cultural de la clase media”.

–¿Por qué prefiere hablar de “estudio” antes que de “educación”?
–Me parece que cuando se habla de educación, se simula. Todo el mundo habla de educación: dirigentes empresariales, fundaciones, periodistas… Es como hablar de ética: todo el mundo habla de ética, y todos están a favor. A mí me gusta hablar de enseñar, es decir, de lo que pasa entre maestros y alumnos. ¿Qué es enseñar, aprender, estudiar? Eso es lo interesante y es un tema del que nadie habla. Hay una indiferencia social y cultural hacia el profesor de biología. No hacia el que contiene al chico, a la educación sexual, al arte de vivir, al gabinete psicopedagógico, a los derechos humanos. Para eso hacen cola. Pero el profesor de biología está solo. El tipo al que le gusta enseñar, que lo siente, que le importa, no tiene director de colegio, ni periodismo, ni los elementos ni los recursos para desarrollar sus ganas. Lo mismo el alumno: da lo mismo si se copó o no se copó con la materia. No hay cosa más frustrante que un tipo que tiene ganas y no le dan lugar para sus ganas.

–¿O sea que el gran problema educativo sería la falta de estímulos para esforzarse?
–Todo el tiempo los ojos están puestos en el necesitado, el que no puede, el que “no lo dejaron”. Y ese sector de la sociedad al que todos apuntan no tiene un problema educativo, tiene un problema vital: de hambre, de alimentación, de salud, de cuidado, de vivienda, de urbanización. El discurso de la inclusión es el discurso compasivo, cristiano, para apiadarse de los que menos tienen. Y ese es un sector de la sociedad que no tiene un problema educativo. ¿Qué pasa con los que comen 60 kilos de carne por año? El problema educativo es de la clase media. La misma clase media es indiferente al estudio y lo degrada. Se nota en el periodismo, en el lenguaje de la televisión, en lo que la gente lee. La clase media vive de las revistas y de chimentos de diarios, vive de lo que se llama “la política”, es decir, la farándula, que es más o menos lo mismo.

–Entonces, ¿el problema de la desigualdad debería quedar excluido del debate educativo? 
–El tema es aprender, la mística del aprendizaje. Aprender es algo extraordinario. Lo saben los bebés, el bebé no da abasto del asombro. ¿Qué es aprender? Descubrir el mundo en el que uno vive. El mundo es muy grande y, mientras estamos en él, aprender es vital. Si no aprendés, te morís. Aprender biología, física, química, filosofía, cine, arte te va abriendo el panorama del mundo. Es viajar con la mente y el cuerpo. Eso pasa en una escuela: es lo que te da el profesor, que además está él mismo en pleno proceso de aprendizaje. Hablamos de educación, pero nunca hablamos del oficio, del trabajo de estudiar. Estudiar es trabajar, y trabajar implica esfuerzo, dificultad, frustración, goce. Y además te cambia. Uno no es el mismo: hay una especie de conversión.

–¿Cuál es el valor de la dificultad y de la frustración?
–Todo eso es desafío, es lucha. Esto no es Darwin, no estoy hablando de la supervivencia del más fuerte. Estoy hablando de que todo proceso de trabajo implica vencer un obstáculo, una dificultad. Esto ya lo decía John Dewey, el gran filósofo pedagogo norteamericano; lo decía Nietzsche. Es como hacer bien una nota: vos para eso tenés que laburar. No te “salió así”, es mentira, no existe el don. Incluso si tenés “el don”, lo tenés que trabajar muchísimo. Como Van Gogh: Van Gogh no estaba loco, era un artesano. Las cosas que valen son difíciles, en todos los órdenes de la vida.

–¿En esta capacidad para vencer los obstáculos se va construyendo la “autonomía” de la que hablan algunas pedagogías?
–Nadie se enseña a sí mismo, uno aprende de otros. Un libro es un maestro, los profesores son maestros. Un alumno tiene que hacer su propio camino: eso es un discípulo, alguien que hace su propio camino, que no lo podría haber hecho sin el maestro. El tema está en cómo te separás. El maestro se va a quedar solo, todo buen maestro se queda solo. El maestro que está todo el tiempo con las ovejas dentro del corral no es un maestro, es un tirano. Pero la autonomía siempre tiene que ver con una relación. Hay maestros que te guían hacia tu autonomía. Hay otros que no: les preocupa que no seas desobediente y no te apartes de la línea.

–¿Se puede definir al buen maestro como aquel que guía al alumno hacia su autonomía?
–Yo creo que un docente tiene que hacer una cosa básica, que es enseñar. Él sabe cosas que el alumno no sabe. Él enseña eso, no hay una paridad entre alumno y maestro. No, el maestro está arriba, porque en el aula se enseña y se aprende, y el alumno tiene que estar a disposición del aprendizaje. Y el profesor, enseñar. Como el buen profesor también es estudiante, lo que transmite es su propio proceso de aprendizaje, que es lo que mejor puede entender el alumno, porque va  a transmitir su búsqueda, la pasión de estudiar. Por parte del alumno, lo primero que tiene que hacer es obedecer, ser humilde, trabajar, aprender. Y el docente lo que enseña no es a “ser autonómo”, lo que enseña es bio-lo-gí-a. ¡Terminémosla con las grandes palabras morales y psicológicas!

–¿La docencia, entonces, es inseparable de la investigación?
–Un profe tiene una profesión extraordinaria. ¿Por qué quisiste ser profesor de filosofía? Porque te gusta. Y porque encontraste ahí un sentido que no podés darle a ninguna otra actividad. Poder hacer lo que te gusta es la felicidad. Y se supone que entre muchos profesores, algunos eligieron. A esos les hablo. Al que está porque está, que podría ser verdulero, profesor, comerciante, empleado… a ese le da lo mismo. Pero aquel que eligió, que no se olvide de por qué eligió. Eso es lo primero. No se trata de repetir lo que dijo ni Foucault ni Marx ni nadie. Para eso están los libros: leés los libros y ya está. Uno transmite una información pero pasada por el tamiz de sus pensamientos. Es decir, permanentemente en estado de pensamiento. Por eso hay que investigar.

–Si bien no hay recetas generales, ¿por dónde se puede empezar a mejorar la educación?
–Creo que lo importante es señalar la indiferencia general hacia el estudio. De lo que se trata es de trabajo, y el trabajo del profesor es enseñar y aprender. Y el del alumno es estudiar. Entonces tenemos que ser muy exigentes en eso, como los coreanos y los chinos, los nuevos dueños del mundo. Darle importancia al estudio es darles importancia a los estudiosos, reconocerles el mérito, estimularlos. Sin ninguna finalidad externa; ni para hacerse más rico, ni para ascenso social: todo eso es por añadidura. Simplemente porque es algo vital: la gente se enriquece si estudia y si aprende. Y si no, se embrutece. No hay término medio. La famosa “autonomía” tiene que ver con la posibilidad de elegir, y de tener recursos para poder decir que no. La gente tiene mucho miedo de decir que no, porque se queda sola. Rebelarse no es ocupar un colegio. Rebelarse es tomar otro camino, y eso  implica construir. Ocupar un colegio no es ningún laburo. Eso de que “tomás conciencia de tus derechos”… ¿y los deberes? El derecho se los da la Constitución: te pongo el aula, el colegio y el profe para que vos mañana le des algo a la sociedad. Y si no le das nada a la sociedad, estás en deuda.

CARBONNEL ENTREVISTA

PARA ESTUDIANTES DE DERECHO

Rigor, disciplina y comportamiento

Rigor, disciplina y comportamiento

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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El aprendizaje está bajo la responsabilidad del estudiante. ¿En qué sentido?

En el hecho de que el conocimiento que logre apropiar es a partir del entendimiento, la experiencia y la puesta en práctica de soluciones a diversos problemas que le tocará vivir en su etapa estudiantil.

El estudiante debe trabajar al extremo de poder relacionar el saber que los docentes le posibilitan obtener, con el mundo concreto que le toca vivir. Para esto es importante dominar técnicas de comunicación, el desarrollo de habilidades de razonamiento y, por cierto, el realizar acciones eficaces conducentes a obtener el máximo provecho del trabajo realizado.

El trabajo eficaz es parte indispensable del estudiante que quiere promover un contenido teórico, obtenido por otros, a su propio dominio y parte de su persona. Mientras ello no lo logre habrá tarea pendiente.

El estudiante deberá demostrar su estado de avance en base a presentación de informes, en el proceso de evaluación mediante pruebas estandarizadas o en cualquier mecanismo que le sea facilitado para mostrar sus logros.

El dejar la responsabilidad de mostrar lo aprendido en manos de los estudiantes permite que ellos interioricen la conciencia propia y la autodirección en el propósito de
aprender.

Lo que debemos pretender, los docentes, es lograr en nuestros estudiantes “hábitos mentales”. Ellos ayudan a los estudiantes a usar sus mentes en forma correcta y así
concentran en sí mismos grandes posibilidades de éxito.

Algunas ventajas que se pueden lograr con el enseñar a pensar son:

  • Disminuyen, en los estudiantes, las respuestas impulsivas, la confusión, el descontrol, la visión limitada.
  • Puede utilizarse como una forma de cultivar disposiciones de pensamiento, es decir, puede provocar al estudiante para que frente a cualquier evento antes de
  • actuar se detenga a pensar, con ello y con la práctica, el tiempo destinado a pensar va a ir disminuyendo.
  • Se puede utilizar para profundizar en la comprensión de una situación, con ello se puede lograr que los alcances de un problema constituyan un desafío estimulante para el estudiante.
  • Se puede utilizar para crear conductas de auto aprendizaje, especialmente útil ahora que hay tantos mecanismos para la adquisición de información.

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Los estudiantes, a partir de la observación y la práctica de realizar preguntas deben aprender a recopilar información y datos que posteriormente, analizando y evaluando, le permitirán encontrar soluciones a problemas del momento o que a futuro enfrentarán.

Deberán, los estudiantes, convertirse en avezadas personas de pensamiento sofisticado y crítico que:

  • Consideran diversos puntos de vista en el análisis de información presente y referida a nuevas ideas.
  • Harán uso de la evidencia que posean para juzgar y de allí obtener conclusiones.
  • En caso alguno concluirán en base a supuestos para los cuales no se cuenta con argumentos sostenibles y verificables.
  • Conectarán líneas de relación entre las diferentes áreas de trabajo de una disciplina y las que se encuentren entre las diferentes disciplinas.
  • Deben considerar la importancia de sus propias inquietudes y buscar puntos de encuentro entre sus propósitos y la ganancia que pueden obtener de lo aprendido.
  • Serán capaces de comunicar efectivamente las ideas y preguntas que le surjan en cualquier etapa de la apropiación del conocimiento.
  • Usarán el tiempo y recursos disponibles para avanzar en la tarea del aprender.
  • Verán a los docentes como personas que pueden asesorarlos en la búsqueda de soluciones a diversos problemas.
  • Conectará vivencias familiares, sociales, académicas y otras para trazar su propio proyecto de vida.
  • Verán a la Escuela como un centro que da la oportunidad para avanzar hacia una meta que se ha propuesto a partir de la definición de un proyecto de vida.

Los estudiantes deben lograr, al más corto tiempo posible, comprender la importancia de su responsabilidad ante el aprendizaje. De esto depende que asuman un trabajo
académico con perseverancia y consistencia.

No es el docente el que tiene la responsabilidad final de que los estudiantes aprendan.
Por cierto que alguna responsabilidad tiene, pero la decisión final de aprender o no aprender es algo exclusivo del estudiante. Si hay una gran responsabilidad del docente en este tema, está referido al “enseñar a aprender”. Aquí el docente debería comportarse como un “acompañante” del estudiante en su tarea de aprender. Debe ser un “facilitador” que ayuda a que el estudiante descubra y construya su propio camino, ayudándole a seleccionar información importante, otorgándole el derecho a equivocarse, fomentándole para que se haga preguntas, para que investigue, para que busque sus propias soluciones y no espere a que se las den.

Algunos elementos que pueden contribuir a que el rigor académico de buenos frutos en los estudiantes, son:

  • Que los estudiantes dediquen más tiempo a la ejecución de tareas fuera de la Escuela.
  • Que los docentes pongan a disposición de los estudiantes experiencias de aprendizaje que tiendan a un mayor esfuerzo intelectual por parte de ellos.
  • Que los estudiantes dispongan de variadas y útiles fuentes de información, en las que se destaca una buena biblioteca y acceso fácil a medios de comunicación como es Internet

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Que los estudiantes y docentes logren una muy buena identificación con la Escuela

En relación a la disciplina.

La ubico en el contexto de la adquisición de hábitos de estudio y la realización de un trabajo sistemático con orden y método.

Estudiantes con hábitos de estudio son, por lo general, estudiantes exitosos. El mensaje de que es necesario adquirir hábitos de estudio es uno que se reitera permanentemente, pero pocas veces es asumido responsablemente por los destinatarios del mensaje: los estudiantes.

A esta necesidad se oponen, fuertemente, otras realidades que conviven con la tarea del aprendizaje. Están presentes los medios de comunicación, televisión, radio, internet, que no son usados con propósitos educativos, lo que – por cierto – es lo más fácil. Está presente el entorno, las amistades, el “carrete” de fin de semana (que a veces es casi a diario). Está presente otros factores que atentan con el uso beneficioso del tiempo libre, la poca o nula preocupación de los padres por el aprendizaje de sus hijos, los “beneficios” de la ociosidad, donde su culto impide el cansancio y el agotamiento, considerándose que hacer algo es quitar el tiempo necesario para el descanso.

Para romper esos factores opositores a la tenencia de hábitos de estudio, las personas primero deben darse cuenta, concientemente, que las etapas de formación académica son un paso necesario e indispensable para el cumplimiento de etapas de los proyectos de vida. En el supuesto que esos proyectos de vida existen y tienen consideradas las etapas educativas como metas.

Si los estudiantes no se dan cuenta que estudiar y aprender día a día otorga beneficios difícilmente tendrán la fuerza de voluntad necesaria para dejar el ocio no productivo y transformarlo en trabajo efectivo.
¿Cómo lograr que el uso del tiempo libre sea productivo? Aquí la tarea es, preferentemente, de orden familiar. Si el ambiente donde vive el estudiante no es
estimulante para adquirir la necesidad de aprender, la tarea está casi perdida. Los docentes bien poco podemos hacer para que todos los estudiantes valoren la necesidad
del estudio si previamente no se cuenta con familias que piensen lo mismo.

Algunos estudiantes, por diversas razones personales, se acercan más a los docentes que a la familia y, con ellos, será más fácil – desde la Escuela – lograr que valoricen el aprendizaje y lleguen a incorporarlo a su conducta.

A pesar de lo anterior, hay estudiantes que sin tener hábitos de estudio tienen éxito en las tareas escolares y obtienen logros académicos importantes. Cierto. Pero no son una tendencia generalizada, son excepciones a la regla. Ellos, seguramente, tendrían más logros si además de sus capacidades innatas tuvieran hábitos de estudio.

El orden y la meticulosidad con que se realizan las tareas escolares, en y fuera de la Escuela, ocupan un lugar importante en la obtención de éxito académico.

El estudiante ordenado y metódico tiene, por lo general, toda la información a la vista.

Eso le permitirá en el momento, y a futuro, tener una visión más global del problema que esté tratando de solucionar. Ese estudiante toma notas y apuntes, usa la observación como herramienta de trabajo. Está atento al entorno y es capaz de prevenir situaciones así como también recurre a elementos del pasado, aprendizajes anteriores, para lograr

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Soluciones efectivas a problemas diversos.

Este estudiante no elude las dificultades, las enfrenta, las desafía y trata, insistentemente, de superarlas.
El estudiante ordenado y metódico está más alerta cuando enfrenta situaciones nuevas.
No se “asusta” por el lenguaje o información extraña que aparece. Busca su significado de la nueva información. Suele ocurrir que un estudiante ve una fórmula extraña o una palabra desconocida y ahí se detiene, no da el paso siguiente como sería lograr la comprensión de esa fórmula extraña (¿cómo opera?, ¿qué variables involucra?, ¿qué datos son necesarios?, ¿qué datos son inútiles?, etc.) o buscar el significado de esa palabra desconocida.

El estudiante ordenado y metódico no se pierde en el camino, por lo general sabe en que lugar se encuentra en el análisis y evaluación de informaciones referidas a alguna situación específica.

El orden y método en el trabajo escolar resulta muy útil a la hora de pretender la apropiación del conocimiento.
Por otro lado, y no de menor importancia, está el comportamiento de los estudiantes.
El buen comportamiento de los estudiantes, en general, es un factor estimulante para la tarea de apropiación del conocimiento. Y aquí sí que el docente juega un rol
determinante, especialmente en el aula.
¿Por qué con docentes diferentes los estudiantes se portan de manera tan diferente?
¿Acaso los docentes no tienen un propósito común: acompañar al estudiante en su tarea de aprender?

Entra un docente al aula y los estudiantes no reconocen su ingreso, aunque lo ven entrar, y siguen en lo que estaban. El docente saluda y son muy pocos los que
responden. El docente realiza su clase y algunos estudiantes se concentran en la actividad propuesta y otros no prestan atención alguna. Esto ocurre, lamentablemente,
muchas veces.

Las normas de convivencia son indispensables y muy útiles cuando son conocidas y aceptadas por todas las partes involucradas.

Una sana convivencia posibilita buena comunicación, respeto por el otro, queda de lado el temor a hacer el ridículo, aumenta los espacios y oportunidades disponibles para el aprendizaje.

Los estudiantes saben muy bien lo que es correcto para el desarrollo de una buena clase.

Con el tiempo lo han aprendido. La cuestión está en que lo pongan en práctica. El carácter del docente y las normas de convivencia deben cooperar para que ello sea
posible.

Cuando el estudiante se da cuenta que con tal o cual docente puede hacer lo que desee, se aprovechará de cualquier oportunidad para obstaculizar el desarrollo de una clase.

A veces la situación de mala convivencia no es promovida por el “mal” estudiante, a veces es promovida por el propio docente al no respetar a los estudiantes, por ejemplo:

No da oportunidad a la pregunta crítica, no da oportunidad a la revisión de una pregunta en un procedimiento de evaluación, a veces es permisivo y otras veces no lo es. En fin, este punto es muy importante para no considerarlo.

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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A veces la situación de mala convivencia proviene de la aplicabilidad de las normas de convivencia. Ante una falta de un estudiante la respuesta de los docentes e inspectores es la búsqueda de una excusa para justificar su comportamiento. Lo anterior no está mal, pero en la acción del estudiante hay una falta, la excusa no elimina la falta, y ello no se debe dejar pasar.

Cuando estudiantes de cursos superiores se ven favorecidos por la no aplicación de normas de convivencia – uso del uniforme, corte de pelo y otros – los estudiantes de
cursos inferiores se sienten llamados a cometer las mismas infracciones y, así, resulta difícil sostener las normas.

En una Escuela la mayoría de los estudiantes se portan de acuerdo a las normas de convivencia pero hay unos pocos que se las echan al bolsillo y ello puede tener significados no deseados. Por ejemplo, suele ocurrir que siempre hay un número importante de estudiantes y docentes que se la juegan – positivamente – por la Escuela, pero por la acción de unos pocos que no respetan las normas el trabajo construido con esfuerzo y dedicación se desploma, no solo al interior de la Escuela sino que también, en forma lamentable, hacia el exterior, contribuyendo hacia un desprestigio de la institución.

En el tema del comportamiento de los estudiantes hay mucho paño que cortar.

Suele promoverse una cultura democrática por sobre una autoritaria. Lo que conceptualmente – de acuerdo a los parámetros que vivimos – es más correcto. De
acuerdo.
Pero no perdamos de vista que para una cultura democrática hay que, primero, aprender a vivir en democracia, donde cada ser es indispensable para la sociedad. Donde la opinión de cada integrante de la comunidad debe escucharse, no debe – a priori – ser desatendida.

Una forma que adquiere una visión democrática del comportamiento de los estudiantes se presenta con la idea de la “autodisciplina”. Pero la autodisciplina es algo que debe aprenderse. Antes de dar el paso a la autodisciplina debería existir una gestión, a todo nivel, que se preocupara del verdadero sentido de la autodisciplina, que se podría traducir, simplemente, en reconocer que existen, para todos los miembros de una comunidad, derechos y deberes a cumplir. Mientras esos queden en el discurso o en la declaración de intenciones, no habrá resultados positivos.

Parece ser que a través del tiempo, los últimos tiempos, el comportamiento de los estudiantes se ha ido empobreciendo, se está llegando a estados muy preocupantes pues se adoptan medidas y se implementan acciones y no se obtienen resultados positivos.

La autoridad del Docente ha perdido espacio y su sola presencia no es garantía de un buen comportamiento, esto es preocupante y mucho, pues si el Docente no es
reconocido como autoridad, estará sujeto a que no se le respete e incluso se ponga en duda su capacidad para liderar un grupo en pos del aprendizaje.

En los últimos tiempos estamos viendo, con gran preocupación, que los estudiantes parece que no tuvieran tiempo ni disposición para reconocer espacios y oportunidades en donde el respeto hacia el otro es importante.

Bueno, para ir terminando. Estas reflexiones nacen de la necesidad de una revisión interna acerca de la recurrente pregunta: ¿Estoy haciendo bien las cosas?

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Creo, que muchos Docentes creemos estar haciendo bien las cosas, sin embargo los resultados, a veces, nos dicen lo contrario. Si hay errores en nuestros logros, ¿son
errores nuestros o son errores de gestión institucional o los estudiantes no aportan lo suyo en el proceso?

Aquí una fuerte conclusión respecto a todo en general: ¡hace falta un sistema de evaluación transparente y sistemático! Hablamos de que el proceso enseñanza aprendizaje es un proceso, sin embargo hay una característica de un proceso que parece no darse en la mayoría de las Escuelas: “la evaluación continua del desempeño docente” (es usual que solo exista esta fase, donde existe, solo a fines de año) y, por cierto, la evaluación de la Gestión Institucional.

Es importante el paso que se ha dado en las negociaciones entre el Colegio de Profesores y el Ministerio de Educación en este tema, pero hay que asumirlo ¡ya!
Quedan, en todo caso, las Escuelas e instituciones de carácter privado. En ellas, lamentablemente en muchas, el resultado del proceso de evaluación docente (si es que
lo hay, pues muchas veces los docentes no conocen ese procedimiento) es desconocido hasta el último día hábil del año, cuando ya no hay oportunidades de “buscar trabajo” en caso de que la evaluación, no documentada durante el año, sea negativa para el Docente.

Falta por ver el estado en que se encuentra la evaluación del proceso de la Gestión Educacional pues, a primera vista, parece que hay muchas instituciones educacionales
en donde la dirección y la gestión en general debe mejorarse significativamente.

Falta por ver qué sucede con los estudiantes que conociendo las normas y el proyecto educativo de la Escuela no se sienten comprometidos con ellos y no las respetan.

Finalmente, y en relación al tema expuesto:
Cuando el rigor y la disciplina académica son más fuertes, las normas de convivencia pasan a segundo plano y no interfieren, en su aspecto negativo, de manera tan potente en la acción de la Escuela.

En definitiva: la buena convivencia, el rigor académico y la disciplina potencian el trabajo escolar, posibilitan el trabajo eficaz y permiten un aprendizaje real.

Psicoanálisis del mexicano (Fragmento)

Samuel Ramos

El objeto de este trabajo no es criticar a los mexicanos con una intención maligna; creemos que a todo mexicano le está permitido analizar su alma y tomarse la libertad de publicar sus observaciones, si tiene la convicción de que éstas, desagradables o no, serán provechosas a los demás, haciéndoles comprender que llevan en su interior fuerzas misteriosas que, de no ser advertidas a tiempo, son capaces de frustrar sus vidas. Los hombres no acostumbrados a la crítica creen que todo lo que no es elogio va en contra de ellos, cuando muchas veces elogiarlos es la manera más segura de ir en contra de ellos, de causarles daño.(…)

La nota del carácter mexicano que más resalta a primera vista es la desconfianza. Tal actitud es previa a todo contacto con los hombres y las cosas. Se presenta haya o no fundamento para tenerla. Se trata de una desconfianza irracional que emana de lo más íntimo del ser. Es casi su sentido primordial de la vida. Aun cuando los hechos no lo justifiquen, no hay nada en el universo que el mexicano no vea y juzgue a través de su desconfianza. Es como una forma a priori de su sensibilidad. El mexicano no desconfía de tal o cual hombre o de tal o cual mujer; desconfía de todos los hombres y de todas las mujeres. Su desconfianza no se circunscribe al género humano; se extiende a cuanto existe y sucede. Si es comerciante, no cree  en los negocios; si es profesional no cree en su profesión; si es político, no cree en la política. El mexicano considera que las ideas no tienen sentido y las llama despectivamente “teorías”; juzga inútil el conocimiento de los principios científicos. Parece estar muy seguro de su sentido práctico. Pero como hombre de acción es torpe, y al fin no da mucho crédito a la eficacia de los hechos. (…)

Pero, entonces ¿por qué vive el mexicano? Tal vez respondería que no es necesario tener ideas y creencias para vivir…con tal de no pensar. Y así sucede, en efecto. La vida mexicana da la impresión, en conjunto, de una actividad irreflexiva, sin plan alguno. Cada hombre, en México, sólo se interesa por los fines inmediatos. Trabaja para hoy y mañana, pero nunca para después. El porvenir es preocupación que ha abolido de su conciencia. Nadie es capaz de aventurarse en empresas que sólo ofrecen resultados lejanos. Por lo tanto, ha suprimido de la vida una de sus dimensiones más importantes: el futuro. Tal ha sido el resultado de la desconfianza mexicana.

En una vida circunscrita al presente, no puede funcionar más que el instinto. La reflexión inteligente sólo puede venir cuando podemos hacer un alto en nuestra actividad. Es imposible pensar y obrar al mismo tiempo. El pensamiento supone que somos capaces de esperar, y quien espera está admitiendo el futuro. Es evidente que una vida sin futuro no puede tener norma. Así, la vida mexicana está a merced de los vientos que soplan, caminando a la deriva. Los hombres viven a la buena de Dios. Es natural que, sin disciplina ni organización, la sociedad mexicana sea un caos en el que los individuos gravitan al azar como átomos dispersos.

Una nota íntimamente relacionada con la desconfianza es la susceptibilidad. El desconfiado está siempre temeroso de todo, y vive alerta, presto a la defensiva. Recela de cualquier gesto, de cualquier movimiento, de cualquier palabra. Todo lo interpreta como una ofensa. En esto el mexicano llega a extremos increíbles. Su percepción es ya francamente anormal. A causa de la susceptibilidad hipersensible, el mexicano riñe constantemente. Ya no espera que lo ataquen, sino que él se adelanta a ofender. A menudo estas reacciones patológicas lo llevan muy lejos, hasta cometer delitos innecesarios.

Terminamos estas notas de psicología mexicana preguntándonos si acaso será imposible expulsar al fantasma que se aloja en el mexicano. Para ello es indispensable que cada hombre practique con honradez y valentía el consejo socrático de “conócete a ti mismo”. Sabemos hoy que no bastan las facultades naturales de un hombre para adquirir el autoconocimiento, sino que es preciso equiparlo de antemano con las herramientas intelectuales que ha fabricado el psicoanálisis. Cuando el hombre así preparado descubra lo que es, el resto de la tarea se hará por sí solo. Los fantasmas son seres nocturnos que se desvanecen con sólo ponerlos a la luz del día.

EL AUTOCONOCIMIENTO ES LA CLAVE… EL QUE ENCUENTRA EL CAMINO DEL CONOCIMIENTO DE SI MISMO, YA ESTÁ RUMBO A LA AUTOREALIZACIÓN…FPD