Archivos Mensuales: abril 2014

La web llegó para quedarse

Artículo de Umberto Eco
http://www.elespectador.com/opinion/web-llego-quedarse-columna-487648

No hace mucho publiqué una carta abierta dirigida a mi nieto, en la que lo exhortaba a reforzar su memoria resistiéndose (entre otras cosas) al impulso de obtener toda su información de internet.

En respuesta, fui acusado en la blogosfera de estar en contra de la red. Pero esto es un poco como decir que cualquiera que critica a la gente que va a exceso de velocidad o que maneja intoxicada está en contra de los automóviles.

Y, por el contrario, en respuesta a mi reciente columna sobre unos jóvenes concursantes que revelaron la ignorancia de su generación suponiendo que Hitler y Mussolini estaban vivos todavía en los años 60 y 70, el periodista italiano Eugenio Scalfari me criticó (afectuosamente), en la revista L’Espresso, por el exceso opuesto, diciendo que yo confiaba demasiado en internet como fuente de información.

Scalfari, fundador del periódico La Repubblica, observó que la web, con los efectos homogenizadores de su memoria colectiva artificial, le ha dado a la generación joven pocos incentivos para ejercer su propia memoria. Después de todo, ¿para qué registrar un dato en la memoria si sabemos que siempre estará disponible apretando un botón? Scalfari también observó que, aunque internet nos da la impresión de que nos conecta con el resto del mundo, a fin de cuentas es una sentencia de soledad autoimpuesta.

Coincido con Scalfari en que la pereza y el aislamiento que promueve la web son dos de los mayores flagelos de nuestro tiempo. Pero veamos el pasaje de Fedro de Platón, en el que el faraón reprende al dios Tot, el inventor de la escritura, por haber creado una tecnología que le permite al hombre registrar datos en papel y no en la memoria. Pero sucede que el acto de escribir de hecho estimula a la gente a recordar lo que ha leído. Aún más, fue gracias al advenimiento de la escritura como Marcel Proust pudo producir su celebración de la memoria, En busca del tiempo perdido. Y si somos perfectamente capaces de cultivar la memoria al escribir, ciertamente también podemos hacerlo al navegar por internet, internalizando lo que aprendemos en la web.

El hecho es que ésta no es algo que podamos descartar como el telar eléctrico, el automóvil y la televisión antes que ella, la web llegó para quedarse. Nada, ni siquiera los dictadores, podrá eliminarla. Así que la cuestión no es cómo reconocer los riesgos inherentes de internet, sino cómo darle el mejor uso.

Imaginemos a una profesora que le deja a su grupo una tarea de investigación. Ella sabe, por supuesto, que no puede impedir que sus alumnos encuentren en línea respuestas ya digeridas. Pero puede desalentar que simplemente copien esas respuestas sin profundizar más. Ella podría pedirles, por ejemplo, que buscaran información en al menos diez sitios web y que trataran de evaluar qué fuente de información es la más confiable, quizá consultando los viejos libros y enciclopedias en papel.

De ese modo, los estudiantes tendrían la libertad de sumergirse en la información que encuentran en línea —que sería tonto evitar por completo— pero, al mismo tiempo, podrían evaluar y sintetizar esa información, ejerciendo su juicio y su memoria en ese proceso. Aun más, si a los estudiantes se les pide que comparen y contrasten lo que hayan encontrado con lo que encontraron sus compañeros, evitarían la sentencia de soledad y quizá cultivarían el gusto por la interacción personal.

Por desgracia, quizá no sea posible salvar a todas las almas condenadas en la web; algunos jóvenes quizá ya estén demasiado implicados en sus relaciones exclusivas con la pantalla de su computadora. Si los padres y las escuelas no pueden apartarlos de ese ciclo infernal, van a terminar marginados al lado de los adictos, intolerantes y todos aquellos a los que la sociedad ha hecho a un lado y que soporta a regañadientes.

Este proceso se ha llevado a cabo a lo largo de la historia una y otra vez. Este grupo particular de nueva gente “enferma” puede parecer especialmente grande y difícil de contener, pero eso es sólo debido a que en los últimos 50 años la población mundial ha aumentado de unos dos mil millones a más de siete mil millones. Y eso, por cierto, es un acontecimiento que no es culpa de la web y de la soledad que impone; en todo caso, es el resultado de un exceso de contacto humano.

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Entrevista al profesor de Harvard Michael Sandel. ¿Hay Derecho?

Para quien prefiera leerla, ofrecemos el texto traducido a continuación del video:
http://hayderecho.com/2013/12/18/entrevista-al-profesor-de-harvard-michael-sandel/

La Vocación Jurídica

Por Sergio César Pariona Canales
http://cepjus.bligoo.es/la-vocacion-juridica

Queremos empezar agradeciendo—nuevamente—a los miles de lectores (ya quisiéramos), en realidad, a algunos cuantos que se detienen en esta vitrina a leer (y tratar de entender a este novato) las reflexiones que aquí publicamos. Nos satisface mucho las críticas—buenas o malas, no importa—que nos hacen. Los buenos deseos y felicitaciones de algunos, junto con las críticas destructivas de muchos, hacen que nuestros ánimos sigan vigentes y que, como ahora, presentemos estas construcciones textuales.

Lo que a continuación publicamos no es un trabajo científico—otra vez—, sin embargo, como hace don ANGEL OSSORIO, diremos a nuestro favor que:“Estas páginas son algo más que unos apuntes de observaciones y mucho menos que un cuerpo de doctrina. Nada hay en ellas de científico ni de narración amena. Son, sencillamente, la expresión de un estado de conciencia.”(OSSORIO, Pág. 2).

I. INTRODUCCIÓN A UNA BUENA DECISIÓN

Nos dice SANTIAGO NINO: “El derecho como el aire está en todas partes.”(NINO, Pág. 3), y que la función de esta disciplina va más allá de la regulación de la conducta humana. Por consecuencia lógica, la tarea de los abogados es aún más compleja de lo que muchos todavía pensamos.

Señala TORRÉ que “(….) para lograr pleno éxito en cualquier actividad (oficio, profesión, etc.), es necesario que la persona decidida a emprenderla, reúna dos requisitos básicos: 1°) vocación por dicha actividad y 2°) aptitudes personales adecuadas.” (TORRÉ, Pág. 121). Veámoslos por separado:

La vocación, según RAE, es la inclinación personal o preferencia hacia alguna cosa, en especial a la hora de elegir una profesión, una carrera, forma de vida u otra cosa. En palabras más simples, diríamos que una persona tiene vocación por algo en cuanto disfruta haciendo ese algo. Por ejemplo, si disfrutamos las actividades de la lectura y la de escribir historias, entonces nuestra vocación es ser escritor; si disfrutamos resolver ejercicios matemáticos y edificar construcciones, entonces nuestra vocación es ser ingeniero, y, si aparte de eso, nos gusta enseñar, entonces lo ideal seria inclinarnos a ser profesor.

En cuanto a las aptitudes personales, refiere el citado autor, que son ciertas condiciones intelectuales, morales, físicas y, aun, psíquicas. A este punto, no compartimos el criterio de TORRÉ, ya que nadie nace predestinado a tener cualidades innatas—aunque hayan muchas opiniones en contra nuestra—, somos de la posición que dichas aptitudes pueden obtenerse con el transcurso de la vida, el estudio y la práctica. Por ejemplo, si Juanito, por ser bebé, no sabe leer ni escribir, con el transcurso del tiempo, la enseñanza y paciencia de sus padres en casa y la de sus maestros en la escuela y su empeño personal, podrá aprender a leer y escribir, y, si es constante, será un gran lector y un eximio escritor. Y así, cualquier cosa que desee aprender lo hará con mucha dedicación. No olviden que el ser humano nunca deja de aprender.

No creemos nosotros en los discursos que sostengan que las personas nacen con ciertos “dones” que otros no poseen, y que es esfuerzo en vano pretender enseñar algo a una persona que por naturaleza es “bruto” para la materia. Sostenemos que el mejor “don” es la actitud de querer aprender algo que nos produce placer. Y un ejemplo objetivo son ustedes mismos, que están aprendiendo el Derecho porque lo desconocen. Cosa distinta, en cambio, sucede con la vocación, ya que ésta es el placer que nos produce una determinada actividad, pues nadie nos puede enseñar a disfrutar algo que no nos gusta. La vocación nace con y de uno mismo. Claro que es diferente el hecho de descubrir que una actividad ya no nos produce disfrute porque encontramos otra que nos satisface más. En este caso no es que hayamos aprendido a querer una actividad (vocación), sino, aquí hablamos de un descubrimiento; es decir, el descubrimiento de nuestra verdadera vocación. Por consiguiente, diferenciemos entre el hecho de aprender (lo externo) con el hecho de descubrir lo que hay en nosotros mismos (lo interno).

Sin embargo, sí coincidimos con TORRÉ en que quien obtenga las aptitudes especiales para una determinada actividad que disfruta haciéndolo, tendrá pleno éxito, y “(…), aquellos que desempeñen una labor por la que no sientan atracción alguna, llevarán siempre consigo un sedimento de amargura y, más aún, de derrota, al par que no reportarán a la sociedad, la utilidad que hubieran producido en otra actividad que armonice con su vocación.” (TORRÉ, Pág. 122). 

II. LA VOCACIÓN JURÍDICA

Por lo dicho en los párrafos anteriores, quien decida estudiar Derecho tiene que saber en lo que se está metiendo—lamentablemente en nuestro país no existe un sistema que permita a los estudiantes de los colegios informarse adecuadamente sobre las profesiones y, de esta forma, hagan una elección de acuerdo a su vocación—, pues la función social del abogado requiere de todo su conocimiento y de toda su energía.

Y para que tal actividad se lleve a cabo no es necesario que el postulante sepa ¿Qué es el Derecho?—por lo demás, ni la doctrina se pone de acuerdo al respecto—, lo que sí  es indispensable, es saber: ¿Qué se requiere para ser un abogado de verdad? Y, así, como dice nuestro autor: “No puede sentirse inclinación por algo que no se conoce; (…), para tener una vocación auténtica, es necesario, (…), tener una idea aproximada de esa ciencia y de la vida profesional respectiva.” (TORRÉ, Pág. 123).

Así que para saber si tenemos una auténtica vocación jurídica debemos examinar nuestra propia alma, saber si la abogacía, que es la profesión de la persona especializada en la Ciencia del Derecho o Ciencias Jurídicas, cuya función es “(…) la defensa desde el llano de los derechos de las personas (tales su libertad personal, su honor, patrimonio, etc.) no sólo en función del derecho(sic), sino también en función de la justicia y la moral.” (TORRÉ, Pág. 111), nos produce disfrute o no.

Es decir, si nos gusta, nos eleva, nos realiza personalmente, nos produce satisfacción la actividad de defender a las personas mediante el asesoramiento y/o asistencia jurídica (judicial o extrajudicial) con verdad y con justicia. Preguntarnos si eso es realmente lo que nos gustaría hacer para toda nuestra vida.

III. APTITUDES PARA TENER ÉXITO EN DERECHO

En cuanto a las aptitudes que una persona debe llegar a obtener—o aprender—para poder tener éxito en la profesión, aconsejamos “Los mandamientos del abogado”  de COUTURE, el cual se desarrolla como sigue:

LOS MANDAMIENTOS DEL ABOGADO

1.ESTUDIA: El derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado.

2.PIENSA: El derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.

3.TRABAJA. La abogacía es una larga fatiga puesta al servicio de la justicia.

4.LUCHA. Tu deber es luchar por el derecho, pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia.

5. SÉ LEAL. Leal para con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal contigo. Leal para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que tú le dices; y que, en cuanto al derecho, alguna que otra vez, debe confiar en el que tú le invocas.

6.TOLERA. Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea tolerada la tuya.

7. TEN PACIENCIA. El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su colaboración.

8.TEN FE. Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en la paz, como sustituto bondadoso de la justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz.

9.OLVIDA. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras cargando tu alma de rencor, llegaría un día en que la vida será imposible para ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

10.AMA A TU PROFESIÓN. Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor proponerle que se haga abogado.

Sin embargo, queremos resaltar los elementos ético y humano que implícitamente están contenidas en estos mandamientos. Así, sobre el primero, el abogado que en su actuación vulnere las normas de la ética profesional habrá perdido su dignidad y—señala TORRÉ—la dignidad es la mayor riqueza que puede tener un hombre.

En cuanto al elemento humano, debemos mencionar que asistimos actualmente a un avance incontrolable y vertiginoso de la ciencia y la tecnología, y el hombre de Derecho tiene que estar consciente de que su actuación debe orientarse siempre a la defensa de sus semejantes, y que el avance de estas disciplinas nunca vaya en contra de los seres humanos. Que el lucro egoísta no traspase la responsabilidad que tiene de defender y luchar contra la ambición de científicos en las ciencias biológicas y en la robótica o cibernética ni de políticos con hambre de poder.

Lo que actualmente sucede en estas áreas del saber es un aumento incontrolable de las prácticas genéticas, nucleares y robóticas; la ciencia avanza a tal desenfreno que la ambición vulnera muchas veces la conciencia de los hombres, y para ello es necesario estar preparados, conocer—y si es posible, crear— las normas que regulan tales actividades, y quienes más que los hombres de Derecho, preparados en ética y humanidades, para aplicar y formular reglas adecuadas, y hacer que la ciencia tenga conciencia. Es decir, para lograr el objeto del Derecho que es regular la conducta humana, en este caso, la conducta de los conocedores en tecnología genética, nuclear y robótica; pues de lo contrario, estaremos siendo participes de un planeta contaminado, irrespetuoso de la dignidad del ser humano y del reemplazo del hombre por el robot, mismas películas que hasta ahora nos parecen de ficción, pero que el tiempo se encarga de hacerlas cada vez más real.

Volviendo: Tendrá vocación jurídica quien se complace en defender a las personas, asesorándolas o representándolas en función de la justicia y la moral. Y tendrá—como complemento de lo anterior—éxito en la profesión, quien reúna los requisitos que menciona COUTURE, siempre que su actuación sea ética para con su cliente, su colega contrincante, el juez, el fiscal, demás operadores jurídicos y seres humanos, con quienes en su actividad ha de relacionarse; y que sus conocimientos sirvan para hacer que exista justicia. Es decir, para que dé a cada quien lo que le corresponde o, en otras palabras, para que con su actuación haga que cada quien tenga lo que se merece, para bien o para mal.

IV. REFLEXIÓN FINAL

El Derecho como profesión ha servido casi de nada en la sociedad peruana para configurar un verdadero sistema social, acorde al respeto de los derechos de las personas. No es extraño escuchar bromas sobre los abogados dándoles un carácter de usureros, rateros, hurtadores, etc.; o identificándolos con un animal que, por su naturaleza, es sucio, ladrón y espantoso, nos referimos a la denominada “rata de alcantarilla”. La sociedad, a través de estas manifestaciones, devuelve a las facultades de Derecho la sensación de profesionales que forman. Creemos nosotros—con pena, pero con hidalguía—que está en todo su derecho. Ya que las personas valoramos de bueno o malo, de bonito o feo, de frio o caliente, algo que nos produce esa sensación; y en nuestro país (y en toda América Latina) el Derecho es deficiente (malo), corrupto (feo), usurero (frío), entre otras tantas calificaciones que no vale la pena mencionar aquí.

Sin embargo, el Derecho no es el problema, el problema son los que lo aplican yJ se profesionalizan en su seno: los abogados. Quienes han hecho de la abogacía un medio para la realización de sus más deleznables intereses. Y esto trae como producto que, en vez que la actuación del abogado cree un clima social armónico, de paz; en realidad lo que hace es incrementar los conflictos y, por si fuera poco, generar más gastos al Estado y a las personas.

Un buen sistema de orientación vocacional ayudaría mucho a este problema y detendría a los miles de jóvenes de las cientos de universidades que existen a nivel nacional, que estudian actualmente la abogacía, en sus pretensiones, que nada más responden a intereses económicos sin mirar la verdadera finalidad que tiene el Derecho: la justicia.Estos problemas tienen distinto orígenes, uno de ellos es la falta de vocación de los jóvenes que emprenden la difícil tarea de profesionalizarse como abogados. Y, en nuestra percepción, es el más determinante de todos los problemas, pues la falta de amor a la profesión hace que las personas que desarrollan la labor de abogado sólo se interesen en el fin económico personal; y valores como la justicia, el bien común, la solidaridad y la paz, no entran en el marco de sus ambiciones. Pues es insensato pensar que una persona que diga que su vocación es el Derecho tenga actitudes que degradan la profesión.

Nos preguntamos ¿Cuántos de esos jóvenes estudian Derecho realmente porque es su vocación? La respuesta nos produce espanto.

Un proverbio chino señala: “El que encuentra un trabajo que le gusta, deja de trabajar para toda la vida”. Si te gusta el trabajo de abogado, te será mas fácil trabajar y, sobretodo, tendrás éxito; pero si no, entonces serás un abogado mediocre. Sin embargo esto, todavía estás a tiempo, haz “(…) una serena y profunda reflexión antes de seguir el camino iniciado, para evitar arrepentimientos tardíos e irreparables. Si de esa meditación, joven estudiante, surgieran dudas, junto a la ilusión de ser médico, arquitecto, músico, etc., no seas cobarde y ¡detente!; en cambio, si luego de reflexionar serenamente, te afianzas en el convencimiento de una acertada elección, pues ¡adelante! con ímpetu juvenil y que sea para tu felicidad y para el bien del país.” (TORRÉ, Pág. 126). Pues, los que deben cambiar esta situación—aunque suene trillado—son los jóvenes estudiantes. Una nueva generación es lo que la situación actual necesita. Jóvenes con autentica vocación jurídica, que crean que la verdad es el presupuesto de la justicia.

BIBLIOGRAFÍA:

1.  TORRÉ, Abelardo. Introducción al Derecho”. Ed. LexisNexis- Abeledo Perrot. 14va. Edición. Buenos Aires. 2003.  

2.  NINO, Carlos Santiago. “Introducción al análisis del Derecho”. Editorial Astrea. 2da. Edición, ampliada y revisada. 12va. reimpresión. Buenos Aires. 2003.

3. OSSORIO, Ángel. “El Alma de la Toga”. Imp. de Juan Poeyo. Madrid. 1920.

Repensar la relación entre las Tecnologías de la Información y la Enseñanza Unviersitaria: Problemas y Soluciones

Resumen:
El aula del siglo XXI no se limita en absoluto a un aula física. Debido a la creciente proliferación de las tecnologías de la educación y el reconocimiento de la importancia de la alfabetización tecnológica en múltiples contextos, las universidades están ampliando la instrucción más allá de las paredes y de las aulas tradicionales. Los nuevos métodos docentes con apoyo TIC tienen posibilidades de responder a una variedad enorme de estilos y necesidades de los estudiantes. Al igual que con cualquier tecnología, sin embargo, el uso de la oferta de cursos basados en tecnología o apoyados por estas, conlleva un conjunto de retos que podría restringir el acceso a la educación superior en lugar de aumentarlo. Se pueden tomar medidas, sin embargo, para reducir la posibilidad de problemas y aumentar las oportunidades para el éxito de los estudiantes.

Descargar Documento: rev151ART1

Un alto en el camino: Reflexión

A MIS ALUMNOS:

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa….GANDHI

Es mi deseo expresarles mi pensamiento en torno a su formación, porque la honestidad  y el sentido del deber son primordiales en una relación alumno maestro, así que, les comparto la siguiente reflexión:

Entiendo que cuando se elige estudiar una carrera intervienen diversas razones, pero en la raíz de todas ellas se encuentra la idea de superación personal, que es algo natural dentro de las  necesidades humanas básicas: La necesidad de ser y trascender.

Sin embargo, esa necesidad cada individuo la puede definir y entender distinto…hoy en día la humanidad ha caído en la trampa de medir uniformemente esa esencia y trascendencia a través del éxito económico y, por consecuencia, la enseñanza y aprendizaje de las personas tiende, en forma directa o indirecta, a orientarse a satisfacer ese fin y, obviamente, las personas mismas fijan sus expectativas en esa sola aspiración.

Sin duda que la prosecución del bienestar económico es una aspiración legítima e importante, pero otra cosa es que sea la principal medida de nuestra finalidad de ser y trascender y menos la única.

El camino más seguro para ser y trascender es el encuentro con nuestra vocación o nuestra pasión de vida, aquella que significa el quehacer o talento que surge de nuestro espíritu, entendido éste, como lo definían los  padres de nuestra civilización, como el ánimus. En otros términos, si no tenemos el ánimus no tenemos auténtica vocación y nuestra ánima (alma) se inquieta y viene el terrible desasosiego, que se nos presenta en el camino como sensación de fracaso. El ánimus se manifiesta, primero, como una disposición del yo interno, ¿para qué soy bueno? después como un compromiso  y, finalmente, como una pasión de servir o ser útil a los demás, cuya retribución bastará con la posibilidad misma de realizarla o practicarla (autorrealización) independientemente de la existencia o no de que a cambio resulte una retribución económica o material. El premio se registrará en la salud de nuestra alma: con el sólo poder ejercer la vocación y el saberse oficiante de ella. Como bien nos lo dijo Jean Paul Sartre:

“LA FELICIDAD NO ES HACER LO QUE SE QUIERE, ES QUERER LO QUE SE HACE”

Hoy por desgracia esa aspiración vocacional se observa muy poco en nuestra sociedad urbana contemporánea, salvo en el orden monástico o religioso y aún ahí cada vez es más escasa, pero no por eso significa que debemos dejar que desaparezca, porque entonces nuestra calidad humana peligra también. Nuestra humanidad no es negociable, es decir, no es un negocio. El  “SER” HUMANO ES UN DEBER IRRENUNCIABLE…esto quiere decir que para elevar nuestra calidad humana debemos estar pendientes de su educación, pues dicha calidad humana también se aprende.

Las razones del extravío vocacional ha sido en el énfasis que el hombre actual ha puesto en el valor de las cosas sobre el de las personas, a tal grado que la posesión de las cosas no sólo define al ser, sino incluso lo controlan y, por ende, impide que trascienda. Por eso, contrario a lo que se cree, el hombre moderno es menos libre y menos trascendente, pues depende de más cosas. Ahí se encuentra el primer obstáculo para ser y trascender: La falta de una auténtica libertad y autonomía.

Muchos jóvenes por eso también no entienden las virtudes de la paciencia, prudencia, templanza, pues como las cosas se mueven a un ritmo ajeno a esas virtudes (las cosas no tienen virtudes) terminan éstas por imponerse sobre las personas que dependen de ellas y, por eso, el joven busca la gratificación inmediata que dichas cosas aparentemente le producen, se aburren fácilmente si no están en constante excitación, confundidos por la comodidad y la excitación efímera, como sinónimo de felicidad  y, trasladan esa confusión, interpretándola como cultura del menor esfuerzo (la ruta de la mediocridad) aplicada a todos los órdenes de sus vida, sin caer en cuenta que lo humano se debe mover a los dictados de la voz de la conciencia, misma que, no demanda comodidad ni confort (esto es lo que demanda el ego) sino atención, educación y acción.

Se carece de la capacidad de concentración y disciplina, con ello, el de investigación, reflexión y  pensamiento crítico, que son indispensables para construir conocimiento. Existe apatía e indiferencia por el estudio.

¿Algunos alumnos me preguntan cómo aprendo a estudiar? Y les contesto: ESTUDIANDO…no hay atajos, ni caminos cortos.

Esa es de las mayores preocupaciones para un profesor, al menos en mi caso, porque los jóvenes tarde que temprano se convertirán en personas corresponsables del estado de cosas vigente y comprenderán tardíamente el desperdicio que hicieron de su tiempo y vida, algunos tratarán de recuperarlo, con la frustración natural que viene  del arrepentimiento de no haber hecho lo que se pudo haber hecho…la búsqueda del tiempo perdido es como la búsqueda de un tesoro dilapidado…es irrecuperable.

Por eso,  tengo muy claro que una de las tareas críticas como profesor es recordarles lo anterior, porque para mí ustedes representan la diferencia…el mundo es real e idealmente de ustedes, ya les pertenece y ustedes le pertenecen, aunque no lo sepan o  asuman, pero para llegar a ser y hacer la diferencia y, por ende, trascender, deben valorar su tiempo, haciendo lo que deben y no sólo lo que pueden, porque eso es lo que le va a dar sentido y contenido a su plan personal de vida y, en su caso, a su vocación. Por tanto, desperdiciar el tiempo terminará por contaminar ese plan y esa vocación.

Como profesor, para mí el aprendizaje es un compromiso de conciencia y amor. Por eso tal vez no sea el profesor idóneo para muchos de ustedes, y lo entiendo, sobre todo en aquellos cuya meta es avanzar cómo sea; a empujones, pero sin la motivación para crecer, por medio de una decisión vocacional autónoma y con acciones que persigan propósitos claros. Tratar de ayudarlos desafiándolos a atreverse a salir de esa zona de confort o del pozo oscuro de la ignorancia, mismo que sólo les brinda confusión y evasión, es parte de mi tarea difícil y a veces dolorosa.

Hay alumnos, una minoría, por desgracia, que ven la mano extendida del profesor en ofrecimiento de ayudarlos para a salir de su zona de confort o pozo de la ignorancia y esos alumnos hacen un esfuerzo por extender la propia mano, incluso saltar, para alcanzar a tomar la ofrecida por el profesor. Otros no hacen ni ese esfuerzo, la mayoría, porque están esperando que el profesor se meta a ese pozo junto con ellos y los empuje a salir. Por último están los que no les interesa para nada salir. Esos son los tres tipos principales (con algunas modalidades secundarias) de estudiantes con los me he encontrado en mi experiencia de Profesor

Los primeros tienen la madera o pasta para esta vocación, los otros, a mi juicio, no la tienen, tal vez algunos con gran esfuerzo y pasión la puedan formar, pero en mi experiencia, si a caso terminan la carrera, algunos sin duda la terminarán a empujones y con ayuda de algunos profesores, en mi concepto, sin responsabilidad social, la verdad es que finalmente serán profesionales de barniz y no de raíz, y muchos pagarán el muy caro precio, en forma de sensación de fracaso. Lo cual sinceramente no deseo, ya lo he visto demasiado en el pasado, he llegado al hartazgo en ese sentido.

Contrario a lo que muchos creen, no tengo nada especial contra la ignorancia, es un noble adversario común de todos y, sin duda, de un docente. Sin embargo, mi enemigo más formidable contra el que si tengo un desafío particular es contra la necedad humana, que se manifiesta en una pequeñez espiritual de autocomplacencia con la desidia, la indolencia y la pereza, porque se ve al mundo con lentes que falsifican la vista, lo cual, termina por desembocar en el rio de la mediocridad y, cuya fuerza es difícil detener. Se requiere de enorme valor, que no siempre se logra.

Por eso, lo que no debe ser aceptable para ninguno de nosotros es la simulación o el autoengaño. Nuestro país ya no aguanta más simulación.

Por el bien de ustedes, atrévanse a tomar las decisiones que correspondan, pero sean, sobretodo, honestos consigo mismos.

DETÉNGANSE ANTES QUE LLEGUEN A UN PUNTO DE NO RETORNO Y REFLEXIONEN SERIAMENTE.EL ESTUDIO DE UNA VOCACIÓN, LO MERECE Y, SIN DUDA, EXIGE FUERTES SACRIFICIOS Y, COMO TODO SACRIFICIO EN LA VIDA, PUEDE CAUSAR DOLOR, PERO NO SUFRIMIENTO, PUES SI CAUSA SUFRIMIENTO, HABRÍA QUE REPENSARLO DETENIDAMENTE. EL DOLOR ES NATURAL, PERO EL SUFRIMIENTO ES OPCIONAL.

POR LA REALIZACIÓN PLENA DEL HOMBRE

Cordialmente…FPD