Archivos Mensuales: octubre 2014

Acceso a la justicia

México Social. Canal Once.

Si hay un bien que debería estar en los cimientos de la cohesión social en una democracia, éste es el del acceso a la justicia. Infortunadamente, la percepción ciudadana, producto de años e autoritarismo, impunidad y uso abusivo de la justicia para fines políticos, apunta a un profundo rechazo de las autoridades y a un severo cuestionamiento en torno a su legitimidad.

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El costo de las leyes en México

Programa Entre 3.
Conductores: Federico Reyes Heroles, Carlos Elizondo Mayer-Serra y Jesús Silva-Herzog Márquez.

Jueces o académicos

Texto de Ana Laura Magaloni
http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/jueces-o-academicos-1378539459

La Suprema Corte es una institución en la que la personalidad y temperamento de los ministros, y no sólo su ideología, cuenta mucho para definir el derecho en los casos que resuelven y para determinar el sentido de sus sentencias. Esta es la tesis central del interesante libro de Jeffrey Rosen: The Supreme Court: The Personalities and Rivalries that Defined America.

¿Cómo definir el temperamento de los jueces? Según Rosen, una de las mejores definiciones la ha dado el actual presidente de la Corte Suprema norteamericana. El Chief Justice John Roberts sostiene que el temperamento judicial es la disposición de cada juez para tomar distancia de sus propias concepciones sobre la interpretación jurisprudencial correcta y tener capacidad de evaluar la de los otros jueces, para así encontrar consensos con sus pares y predictibilidad en el derecho. La diferencia entre ser juez y ser académico, según Roberts, tiene que ver con que un buen juez, a diferencia de un académico, puede suprimir su agenda ideológica o su deseo de protagonismo en aras de definir el derecho de forma colectiva con sus pares. Los buenos jueces construyen consensos, los buenos académicos defienden puntos de vista personales. Con esta idea como eje central, Rosen analiza la historia de la Corte Suprema norteamericana a la luz de la rivalidad entre los justices que fueron buenos jueces y los justices que fueron buenos académicos, para llegar a la conclusión de que los justices que fueron muy inflexibles en sus posiciones se quedaron aislados, mientras que los que tuvieron el liderazgo para construir consensos tuvieron un enorme impacto en la historia de Estados Unidos.

En la Suprema Corte mexicana, a diferencia de lo que ocurre en casi todos los tribunales constitucionales en el mundo, el proceso de decisión premia el individualismo. Ninguna parte de dicho proceso está puesta para construir consensos. Para empezar, el proyecto lo elabora el ministro ponente sin tener idea de cuál es la posición del resto de los ministros. Por tanto, de punto de partida no elabora un proyecto que intente incluir las visiones de sus pares. En segundo término, a diferencia de lo que ocurre en el resto del mundo, los ministros deliberan públicamente y, si se trata de una sesión del Pleno, lo hacen frente a la televisión. Ello limita extraordinariamente la profundidad del debate. Casi siempre los ministros se limitan a externar su posición, no discuten entre ellos, ni mucho menos intentan construir consensos. Es difícil cambiar de posición frente a la televisión. Ese proceso deliberativo incentiva votaciones divididas, en votos concurrentes y disidentes. Rara vez hay una sentencia en la que todos estén de acuerdo. Con este tipo de procedimiento todo está puesto para el protagonismo y las individualidades. La prensa va a reportar lo que dijo cada uno de los ministros o algunos de ellos, pero nunca lo que dijo el máximo tribunal del país como tal.

En este sentido, parece casi un milagro que 10 de los 11 ministros hayan llegado a un consenso en un tema muy controvertido: qué hacer cuando un derecho humano establecido en un tratado internacional suscrito por México entra en conflicto con límites establecidos por la propia Constitución. El proyecto del ministro Zaldívar establecía que este era un problema interpretativo, es decir, que cada juez, caso por caso, tendría que interpretar los derechos humanos y sus restricciones constitucionales a la luz de los criterios que establece el artículo primero constitucional. Siete de sus colegas, principalmente los ministros que vienen de carrera judicial, no estaban de acuerdo con esa interpretación. Para ellos, los límites constitucionales siempre deben prevalecer frente a los derechos humanos establecidos en tratados internacionales. La única manera de lograr una decisión de consenso fue buscar el punto medio. El ministro ponente lo hizo y el resto de sus colegas, salvo Cossío, se sumaron al proyecto.

“Hay temas en los cuales no puede uno ceder la posición personal”, manifestó Cossío. Difiero: creo que en este tema en particular, que tiene un potencial impacto en cualquier litigio local o federal, los ministros tenían que mandar una señal clara a los jueces y a los abogados litigantes. Una decisión de siete contra cuatro no iba a mandar tal señal. El consenso era muy importante para la predictibilidad y certeza judiciales. En este sentido, da gusto ver a una Corte en donde los ministros reprimen su individualismo en aras de que se escuche, firme y clara, la voz del Tribunal. Para que se repitan estos casos con más facilidad, los ministros tendrían que renunciar a la cámara de televisión y modificar su proceso de toma de decisiones. Por lo pronto: la Corte dio un gran debate en un tema de enorme relevancia y llegó a la mejor solución posible dada su integración.

La justicia de cabeza: la irracionalidad del gasto público en tribunales

Texto de Ana Laura Magaloni Kerpel y Carlos Elizondo Mayer-Serra (Investigadores del CIDE)

Introducción:
En México, a pesar de los profundos cambios políticos de las últimas décadas, no ha habido transformaciones significativas en la forma en la que se concibe y ejerce el gasto público. Mucho más frecuentemente de lo que quisiéramos, los recursos públicos son utilizados discrecional e irresponsablemente para generar redes clientelares, hacer favores a los parientes y amigos o para eludir decisiones políticamente complicadas. En todas las áreas del sector público y en todos los niveles de gobierno se observan gastos injustificados y excesos inexplicables. Esto cuando la información nos permite saber en qué se está gastando. La opacidad o la transparencia simulada a veces impiden realizar un análisis riguroso respecto a dónde se están destinando todos los recursos públicos, sobre todo en las entidades federativas.

**Los hallazgos de este proyecto de investigación, -afirman sus autores- corroboran la hipótesis original: el ejercicio del gasto público en México es ineficiente y a veces irracional.**

Descargar Documento: Gasto Publico en Tribunales

Las redes sociales nos hacen menos humanos

Reflexión sobre el video:

Es muy claro el mensaje…tienen mucha vida por delante vívala en tiempo real…atrévanse a romper con los lazos de lo convencional..no saben de lo que se están perdiendo…la tecnología no es mala o buena en sí…pero si no sabemos limitar su uso para los fines de nuestro desarrollo intelectual y moral, nos apendeja… lo estoy observando todos los días como profesor universitario… es una tragedia humana el desperdicio de vida sobre todo de los más jóvenes, que tienen más futuro que pasado… comprometan su tiempo y vida con su entorno real y los que los rodean en tiempo real, apaguen sus aparatos y enciendan una larga conversación con la mirada a los ojos del otro… ahí es donde reside nuestra humanidad…lo virtual es una simulación, no se conformen ni resignen a eso…FPD

Salgo en Facebook, luego existo (Narciso el nuevo rey del mundo…)

Texto de Marco Antonio Aguilar Cortés
http://www.siempre.com.mx/2014/04/salgo-en-facebook-luego-existo/

El cogito cartesiano ha sido reiteradamente usado para asuntos ocurrentes totalmente ajenos a su origen. Amo, luego existo; cobro, luego existo; leo, luego existo; y así de manera sucesiva hasta el hartazgo.

René Descartes (1596-1650), quien nació en un 31 de marzo (como nuestro Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, 1914-1998), formuló esta expresión en latín como uno de los fundamentos del racionalismo de la cultura occidental, y un principio de su Discurso del método, con el cual establece una ruptura con la escolástica y los silogismos aristotélicos empleados en toda la Edad Media: Cogito ergo sum, Pienso, luego existo.

En la época actual tal frase no resiste un análisis lógico. Hacer depender la existencia del pensamiento, no corresponde a nuestra realidad, ya que las cosas existen aunque no piensen; y las cosas que piensan, o sea los llamados humanos, existen por otras razones, y no solamente porque una de sus facultades es la de pensar.

Externo esas reflexiones, pero podría ahondar en lo limitado de ese cogito; empero, en el tiempo de Descartes fue una frase de avanzada que sirvió para superar, con las luces del renacimiento filosófico, los dogmas de la metafísica eclesiástica.
Cada siglo tiene sus filósofos, quienes analizan desde su perspectiva los temas universales en su presencia concreta con los problemas de su tiempo.

En este siglo XXI tenemos filósofos que destacan por sus aportes valiosos y singulares: Savater, Jürgen Habermas, Peter Sloterdijk, Richard David Precht, Byung-Chul Han, entre otros.

El último de los citados, un coreano del sur avecindado actualmente en Berlín, nació en Seúl en 1959 y acaba de expresar: “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor a ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook para capturar la atención. Para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate”.

Y lo anterior es cierto; tanto que hay gente que, en lugar de leer su realidad circundante, lee los periódicos, ve el televisor, oye su radio, observa su internet, y le cree más a todos los medios masivos de comunicación que a la realidad que tiene enfrente, más cuando esta realidad no la tiene frente a sí.

El mundo de la apariencia considera haber ganado la batalla, pero no ha ganado la guerra ni la batalla la ha ganado del todo, pues cada vez que se le levantan las naguas revela su mercantilismo brutal, y sus dueños se exhiben como vividores que distorsionan la realidad, a cambio de unas cuantas monedas, o por odios e intereses muy personales y mezquinos.

Esas falsedades son algunas de las razones por las que nuestro mundo parece derrumbarse. Y esas mentiras de explotación mercantil no valen ni un escupitajo.

Doce juicios que cambiaron la historia

Extracto del Libro Doce juicios que cambiaron la historia.
Descargar Documento: Doce juicios 2 (20 pp)
Instituto Nacional de Ciencias Penales

• Sócrates
• Jesús de Nazaret
• Jan Hus
• Juana de Arco
• Giordano Bruno
• Galileo Galilei
• Luis XVI
• Miguel Hidalgo y Costilla
• Caso Dreyfus y Émile Zola
• Oscar Wilde
• Juicios de Núremberg
• Al Capone

Doce juicios 2 (20 pp)

La importancia del planteamiento epistemológico en el Derecho

Por Ramiro Contreras Acevedo

Descargar Documento: Planteamiento_Epistem_Derecho

¿El desarrollo del sistema jurídico mexicano hace viable que haya conductas, individuales y sociales, como las que hoy se dan, tanto en política, como en otras áreas? Este cuestionamiento no es un asunto ocioso. Es importante tanto la primera parte de la pregunta “cómo se genera el conocimiento”, así como la segunda parte: “en el área jurídica”. La respuesta hipotética es que el desarrollo del sistema jurídico mexicano o bien, no permite innovaciones epistemológicas o para su generación sigue otros paradigmas. Se dirá que otros sistemas jurídicos tampoco se distinguen por innovadores.

Probablemente sea cierto. Pero cambian y evolucionan. ¿Será porque las sociedades que los generaron han sufrido eventos sociales muy dolorosos que han posibilitado su desarrollo? ¿En 1917 se cambió el horizonte jurídico mexicano? Este artículo propone una reflexión sobre estos temas partiendo de la ubicación, importancia y significado del planteamiento epistemológico en el área jurídica porque la historia de un país se refleja en el modo como genera su conocimiento.

Descargar Documento: Planteamiento_Epistem_Derecho

La Necesidad en México de una Enseñanza Integral del Derecho

Por Marco Antonio López Galicia
@lpez_maantonio

En el caso de la enseñanza del derecho, aunque suene paradójico,  uno de los retos actuales es propiciar las condiciones para un cambio en la cultura de la enseñanza del derecho, por ello, debemos de romper esa visión de que la educación legal es una educación para la jerarquía, (Kennedy, 1990)[1] es decir, para acceder a puestos públicos y cargos políticos donde nos enriqueceremos hasta saciar nuestras posibilidades.  Ante los nuevos retos de la sociedad necesitamos seres humanos y mas abogados, formados desde una visión de mayor conciencia social, ante esta terrible realidad que plantea la modernidad. [2]Para los estudiosos del derecho,   la enseñanza del derecho debe de cambiar de un positivismo jurídico a una visión de enseñanza sistemática jurídica, en todas sus partes, instituciones, principios generales, procedimientos, conceptos  y abordajes jurídicos de la realidad.
Los que estudian esto dicen que una forma en que puede abordarse el estudio del derecho en la epistemología interdisciplinaria y sistémica, que  el eje por el que debe de trazarse la enseñanza del derecho ya no es por el estudio del lenguaje jurídico y de su interpretación, sino en procesos para legitimar los enunciados normativos,  en su obra “Facticidad y Validez”, Habermas[4] (2000), señala que en la socialización de los valores está la aceptación del enunciado normativo.  Quizás a lo que Habermas se refiere es a que en el consenso está la llave que abre la puerta de la aceptación normativa que resulta de la necesidad y del interés de una sociedad para definir sus propias reglas de interrelación. Ahora el reto es revertir la tradicional enseñanza del derecho formalista en nuestro país, para orientar hacia una forma en donde el estudiante se enfrente a la realidad social y política con mejores herramientas epistemológicas, esto es necesario si en algún momento queremos cambiar el desolador y laxo estado del sistema de educación jurídica en México.[5]
En mi opinión el estudiante de derecho debe de ser formado desde una epistemología interdisciplinaria y sistémica que incluiría: a) métodos de solución no violenta de conflictos, b) colegiatura y certificación profesional obligatoria, c) ética profesional, d) habilidades en estudio de casos, e) interpretación y argumentación jurídica f), desarrollo humano y psicología jurídica g) tecnologías de la información y comunicación, h) metodología y epistemología de la investigación jurídica, i) derechos humanos.

Mucho tendrá que ver el grado de conciencia y compromiso del estudiante, sin embargo hay un compromiso igualmente en las instituciones de educación para romper la lógica de asociación que priva en los estudiantes para ver al derecho como un potencial trampolín para acceder a un nivel de vida económicamente superior y de manera fácil. Con la epistemología interdisciplinaria y sistémica que porpone Ost y Morín, el derecho ha entrado en una visión holística de las normas e instituciones jurídicas, considero que pronto se fortalecerá la epistemología del estudio del derecho y de su práctica  multidisciplinar.

La propuesta de formación integral de los abogados es una necesidad que nos demanda la realidad, sólo se dará propiciando un cambio cultural en la enseñanza del derecho que se dará desde las universidades e instituciones de derecho, en conjunto con el sistema de impartición de justicia.  Estamos en un momento de transito para muchas disciplinas del conocimiento, las complejidades de conocimiento y de sus formas de generación, así como la transversalidad del saber, han hecho del saber jurídico, una disciplina inmersa en un proceso de transformación, ¿Cuál será el paradigma a seguir?, ¿Qué visión de abogados necesita México actualmente?, la formación interdisciplinaria y sistémica jurídica es una propuesta para ir en camino y con ello, se pueden empezar a discutir las características que dicho modelo de conocimiento y enseñanza deben integrar, para formar abogados y abogadas que tengan una visión interdisciplinaria y sistémica de nuestra realidad, pero sobre todo, mucho mas humanitaria (Rogers, 1957), en el mas amplio sentido Rogeriano.

¿La era post-universitaria? Por dónde circulan hoy las ideas más innovadoras.

Por Raquel San Martín | LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/m1/1732387-la-era-post-universitaria-por-donde-circulan-hoy-las-ideas-mas-innovadoras

En forma paralela a las universidades tradicionales, distintos espacios alternativos de creación y difusión de ideas de avanzada reúnen hoy a las mentes más originales. Singularity University, Minerva, el fenómeno TED, Edge.org y el co-working, entre otros, aprovechan el poder de las redes y postulan la transdisciplina, el optimismo tecnológico, la solución de problemas concretos y la capacidad de comunicar e “inspirar” a otros. ¿Nuevos intelectuales para un mundo global?

Como trabajo práctico, es al menos ambicioso: “Tomar uno de los grandes desafíos de la humanidad y dar forma a una idea que pueda impactar positivamente en las vidas de millones de personas”. Sin embargo, lo más probable es que, al cabo de los dos meses que dura el curso en Singularity University (SU), en el corazón de Silicon Valley, la mayoría de los participantes efectivamente dé con una idea original para terminar con el hambre, el problema del agua o la polución urbana, quizá porque muchos de ellos ya han tenido un par de ellas en sus países de origen.

En casi cualquier lugar del globo, en tanto, un docente usa en su clase una charla TED dada hace un par de años; científicos de las ciencias duras y artistas debaten online sobre el origen de la vida; profesionales con carreras diferentes comparten un espacio de trabajo durante un par de horas para ver qué pasa, y alguien participa en un grupo de estudio online y gratis con pares de todo el mundo.

Son todos ejemplos de un fenómeno que crece a la velocidad de Internet: en forma paralela a la universidad tradicional, en espacios más o menos institucionalizados, académicos clásicos, pensadores de la innovación, emprendedores y tecnofílicos están produciendo y haciendo circular las ideas más innovadoras y desafiantes, en lo que algunos, los más entusiastas, llaman “el cerebro universal” y otros, los más precavidos, vinculan con los salones de pensadores y artistas que, en la Europa del siglo XVIII, contribuyeron a dar forma a ideas políticas y sociales que todavía hoy discutimos.

Las charlas TED y su espíritu -esas “ideas que vale la pena difundir” en 18 minutos por parte de expertos de los campos más diversos, que han sido vistas por Internet más de mil millones de veces-; la citada SU; Minerva University y su ideal de formar líderes en campus que rotan por el globo; la Khan Academy y Peer-to-Peer University; el sitio web Edge.com, que convoca a científicos sociales y de la naturaleza alrededor a los debates más creativos; los espacios de co-working en los que personas de distintas disciplinas comparten un espacio e interactúan, más allá de ser formatos atractivos, están interpelando la idea misma del conocimiento. En un mundo en el que la acumulación de datos parece una carrera inútil, la sabiduría está siendo reemplazada por el ingenio y la originalidad en las ideas; la especialización, por la transdisciplina; la torre de marfil de los académicos, por el conocimiento que “solucione problemas”; la jerga disciplinaria, por la capacidad de comunicar para “inspirar” a otros, en todo el mundo.

No se trata de declarar fuera de juego a la universidad -muchos de quienes idearon estos espacios pasaron por ella con honores y muchos de sus participantes son prestigiosos académicos-, sino de abrir espacios más horizontales y flexibles que, sin embargo, están cuestionando el canon académico. Hoy, muchos “intelectuales estrella” dedican más tiempo a construir una capacidad de influencia individual y prestan menos atención a la pertenencia institucional. Ser un orador TED escuchado en el mundo, escribir un libro que instale un concepto, sumar seguidores en las redes sociales, ser activista de una causa puede ser más perseguido que una publicación científica relevante o un puesto full time en una universidad prestigiosa.

Hay quienes son menos optimistas sobre el fenómeno: advierten, por ejemplo, de su elitismo y su orientación anglófona (el idioma franco de estos espacios es el inglés, y aunque muchos de sus intelectuales nacieron en países periféricos, es el paso por la academia norteamericana lo que les da finalmente visibilidad).

“En la periferia de las universidades o directamente fuera del circuito universitario están surgiendo nuevos espacios de aprendizaje -confirma desde Barcelona Carlos Scolari, experto en redes y cultura digital, y profesor de la Universidad Pompeu Fabra-. Creo que, en la esfera educativa, está pasando lo mismo que en la esfera mediática: pasamos de un sistema donde había mucho público para pocos medios a un ecosistema con muchos medios y experiencias de consumo fragmentadas. En la educación, las instituciones tradicionales ya no son los únicos ámbitos posibles de formación, y en cierta manera todos compiten por captar alumnos. Así como nuestra dieta mediática se ha vuelto más rica y heterogénea, no está mal que aumente la variedad de lugares para aprender.”

Es innegable, sin embargo, que detrás de esta proliferación de espacios hay una crítica a la educación tradicional. “El sistema educativo actual fue diseñado hace 300 años, con el espíritu de la revolución industrial y el objetivo de crear ciudadanos buenos, obedientes y productivos. El debate es qué capacidades, conocimientos y habilidades hay que desarrollar hoy para un mundo que todavía no sabemos cómo va a ser”, apunta Gerry Garbulsky, organizador de TEDxRiodelaPlata. Y da algunas pistas: “Hay acuerdo en que tenemos que formar a los chicos para poder ser creativos, colaborar, trabajar en grupos, navegar la complejidad y la ambigüedad, innovar, llevar esas ideas a la acción y comunicar”. Un desafío grande para cualquier institución educativa porque, además, ser “creativo” -el signo de los tiempos- ya no es lo que era. “Hace 500 años la innovación era inventar cosas. Hoy, la inmensa mayoría de las cosas nuevas provienen de recombinar elementos que ya están dando vueltas por ahí. Ser creativos hoy es animarnos a ensamblarlas de maneras originales para que puedan resolver un problema, mejorarle la vida a alguien”, dice Garbulsky. “Por eso, en el futuro vamos a tener que tener más visibilidad sobre el todo, y no ser especialistas en un área muy específica.”

SOBRE LA “TEDIFICACIÓN”

Algo de todo eso hay en TED, una idea nacida en 1984 en California que explotó globalmente a partir de 2002 como un foro global de ideas que dos veces por año convoca a las mentes más originales de los temas más diversos para dar charlas que se han ido convirtiendo -a fuerza de repeticiones en la Web- en una nueva manera de producir conocimiento en común. Existe, incluso, lo que algunos llaman la “tedificación” de otros espacios, como profesores universitarios que empiezan a preocuparse por su estilo de dar clases, y empresas y organismos que organizan conferencias “a la TED” (este año, por ejemplo, el Banco Mundial ordenó que todas sus conferencias fueran “TED-style”).

“TED no reemplaza a la universidad, sí la complementa y la enriquece. No creemos que una charla de 18 minutos vaya a transformarte en experto en nada. Pero la gente dice que cuando viene a estos eventos no escucha 20 ideas, sino que se le ocurren ideas. Vos tenés un montón de experiencias, emociones, conocimientos, cosas que te dan bronca del mundo y de repente escuchás la mitad de la idea que te faltaba. Y bum”, sigue Garbulsky. “Queremos sembrar un ámbito donde la colaboración le gane a la competencia, las ideas les ganen a los egos, donde poder salir de la coyuntura y mirar nuestro futuro”, sintetiza.

Es el credo de estos tiempos, una militancia optimista que también tiene su reverso: un mundo del trabajo precarizado e informal, que en muchos países “obliga” al emprendedorismo o a inventarse uno su propia carrera. Estos espacios vienen, dicen algunos, a llenar informalmente el vacío de quienes encuentran que su formación original ya no les alcanza.

“Cambió el mundo del trabajo. Nadie está en el mismo lugar por 60 años, el estatus ya no está relacionado con el lugar físico de trabajo y está la posibilidad de emprender. En poco tiempo tener habilidades emprendedoras va a ser el equivalente de estar alfabetizado”, dice Enrique Avogadro, subsecretario de Economía Creativa del gobierno porteño, una gestión que ha adoptado la “innovación” como uno de sus ejes. “El canon académico hoy puede complementarse con actividades formales e informales, y cuestiones que no están aparentemente conectadas”, dice Avogadro. “El aprendizaje es cada vez más horizontal. No es importante la oficina, pero sí la posibilidad de conectarse con otros para aprender.”

Esa filosofía está detrás de los espacios de co-working, lugares donde la gente trabaja y colabora de maneras “no predecibles”, espacios abiertos que se pagan por hora, con conectividad y servicios.

PENSAR DISTINTO

“Buscar las mentes más sofisticadas, encerrarlas en una habitación y hacer que se pregunten entre ellos las preguntas que cada uno se está haciendo a sí mismo”: la frase del artista James Lee Byars es la meta de Edge.org, un gran foro virtual creado en 1996 por John Brockman, un “empresario cultural” de larga trayectoria en la ciencia, el arte e Internet, donde se desafía a las mentes más brillantes a pensar distinto. Cada año, se hace una pregunta a casi 200 pensadores, científicos y escritores de los campos más diversos. Las respuestas se publican online y luego en un libro, de culto para muchos. Este año, la pregunta fue: “¿Qué idea científica está lista para jubilarse?”, antecedida por: “¿Qué debería preocuparnos?”, “¿Cómo está cambiando Internet el modo en que pensamos?” o “¿En qué creés aunque no podés demostrarlo?”, entre varias.

Otra es la impronta de Singularity University -“el think tank de elite de Silicon Valley y su brazo global”, como lo definió The Guardian-, financiado por Google, Microsoft y la NASA, abanderada del credo de la tecnofilia. Su programa estándar tiene 80 vacantes para las que suelen inscribirse más de 2500 personas de todo el mundo. “Hay tesis que se repiten en todas las charlas: que el costo de la tecnología se derrumba y eso hace que el potencial impacto de esas transformaciones sea mucho mayor; que los emprendedores tienen una capacidad disruptiva, y que hoy se puede acceder a educación de elite desde cualquier lugar y por eso el próximo Steve Jobs puede salir de cualquier lado”, cita Avogadro.

Con una filosofía similar, Minerva acaba de dar inicio a su primera promoción de estudiantes -30 alumnos de 14 países- que pasarán cuatro años rotando por distintas ciudades del mundo, en clases sin presentaciones magistrales. “Las mentes creativas no están satisfechas solamente con el consumo de información, sino que prefieren debatir, discutir, analizar y desafiar el pensamiento convencional -apunta Robin Goldberg, chief experience officer del Proyecto Minerva, que estará en Buenos Aires la próxima semana, anunciando a la ciudad como una de las sedes de Minerva-. Innovadores y creativos quieren siempre estar rodeados de colegas igualmente inteligentes y capaces para avanzar en pensamientos, ideas y proyectos. Nuestro ambiente de aprendizaje es completamente activo y requiere una participación total en cada clase.”

¿En qué lugar quedan los intelectuales en este campo cruzado de debates transdisciplinarios? “Algunos de los pensadores más innovadores y críticos que conozco están fuera de la universidad o se mueven en su periferia, lejos del núcleo duro de la actividad institucional. Las universidades son grandes dispositivos burocráticos con protocolos que se transmiten desde hace siglos, y muchas están incorporando modalidades de control empresarial similares a las normas ISO 9000 de gestión de calidad. En este contexto es muy difícil desarrollar un pensamiento crítico e introducir cambios. Algunos no lo aguantan y optan por construirse un espacio propio por fuera de la gran institución”, dice Scolari.

Mientras tanto, muchos intelectuales se han convertido en una marca. “Muchísima gente conoce a Stiglitz, pero muy poca podría decir que está en Columbia. Es un claro ejemplo de que hay intelectuales cuya marca va mucho más allá de su afiliación institucional. Más aún, llama la atención que gente muy voluminosa no esté obsesionada con crear instituciones, algo que en nuestro país, por ejemplo, era muy importante en los 50 y 60. Las personas más creativas y dinámicas están en una especie de metainstitución: si me interesa hacer algo con vos lo hago y mañana lo hago con otro. Detrás de Minerva y Singularity está la idea de no anquilosarse en las estructuras”, apunta Walter Sosa Escudero, profesor de la Universidad de San Andrés, de la de La Plata, de la de Illinois (en Estados Unidos) y presidente de la Asociación Argentina de Economía Política.

La tribu de los pensadores globales crece: están los convencidos, los conversos y los que no abandonan del todo el otro mundo. Como sea, bien vale la pena, cada tanto, sentarse en la última fila (virtual) y escuchar de qué se habla. Pueden estar imaginando el futuro en el que muchos vamos a vivir.