Archivo de la categoría: Familia y Sociedad

La impermanencia y los ciclos de la vida

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Entrevista con Boris Groys. “La totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición”

Por Diana Fernández Irusta | LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/1787072-todo-el-espacio-social-hoy-es-un-espacio-de-exhibicion

Boris-Groys

“Internet es un gran tacho de basura, todo lo que allí se mete tiende a desaparecer.” Boris Groys sonríe; se diría que disfruta el toque de provocación. En el mismo tono, confirma: “El único tipo de relación que uno puede establecer con Internet es una relación narcisista”.

Crítico de arte, teórico de los medios y dueño de un recorrido que va de la Universidad de Leningrado, bajo el régimen soviético, a la Universidad de Nueva York en la actualidad, desarrolla un pensamiento que tiende a desmarcarse del discurso habitual y se pregunta por lo que significa vivir en un mundo donde “la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición”.

Invitado por el Goethe-Institut, la Universidad de San Martín y la Universidad Di Tella, pasó por Buenos Aires para presentar el libro Volverse público (Caja Negra), donde, entre otros análisis, desarrolla la idea del “diseño total”: un concepto que, para Groys, pertenecería más a lo político que a lo económico o estético, y que habla de un mundo donde “la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición” y cada ciudadano debe asumir “una responsabilidad ética, estética y política por el diseño de sí”. Para este pensador, las múltiples derivaciones de semejante configuración social se concentrarían en una consecuencia funamental: “este sistema nos pone en una situación donde la autoexplotación es algo inevitable”. Una dinámica en la que participarían los sistemas informáticos, las redes sociales y los buscadores como Google, y donde el sostén es una web que ofrece “una combinación de hardware capitalista y software comunista”.

Difícil no pensar estos fenómenos en tanto derivados de las innovaciones tecnológicas y las mutaciones sociales propias del siglo XXI. Pero Groys, delatando otra vez ese gusto por desconcertar aunque más no sea un poco, lanza una idea inesperada: “basicamente, Internet es un teléfono. Algo inventado en el siglo XIX”.

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Ambiciones patrimoniales

Por Gabriel Zaid
http://www.letraslibres.com/blogs/articulos-recientes/ambiciones-patrimoniales

ambicionespatrimoniales

Keynes hizo ver la paradoja de que el ahorro, tan recomendable en lo personal, puede tener efectos sociales negativos. El que ahorra gana autonomía, está mejor preparado para afrontar imprevistos y puede aprovechar oportunidades que aparezcan después. Pero, si todos gastan menos y el ahorro no se invierte, la economía puede estancarse (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, capítulo 7). Para evitarlo, el gasto público debe entrar al quite, transitoriamente, hasta que el espíritu empresarial canalice los ahorros a inversiones productivas.

Sucede algo semejante con las ambiciones de tener coche, casa y título profesional. Son perfectamente legítimas individualmente, pero generan problemas sociales a medida que se generalizan.

1. Los automóviles empezaron como lujos construidos al gusto del cliente, uno por uno; como una casa de campo, como un yate. Ahora son un patrimonio al alcance de millones, y su adquisición sigue teniendo el aura de un avance personal, pero se han vuelto un problema social. En las calles congestionadas, las bicicletas (y a veces hasta los peatones) avanzan más y contaminan menos. A lo cual hay que sumar los problemas de estacionarse. Un automóvil requiere tres espacios, uno de tránsito y dos de estacionamiento (casa, trabajo): unos 100 metros cuadrados, que cuestan varias veces más que un automóvil.

La inversión total es de poco uso. A diferencia de los taxis que circulan continuamente, casi todos los coches pasan más tiempo estacionados que circulando. Y aunque están diseñados para correr tranquilamente a 120 kilómetros por hora, circulan a 12 en las calles congestionadas. No se usan la mayor parte del tiempo y, cuando se usan, avanzan al 10% de su potencial.

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La ruta de la excelencia: la fuerza del carácter

Un buen test para los alumnos de primer ingreso…SALUDOS …FPD
Escrito de Mario Alonso Puig

Nuestra búsqueda de la excelencia: ¿dónde reside la fuerza de un hombre?
Carpintero

Un carpintero mayor que estaba cercano a su retiro, se fue un día a hablar con el constructor para el que trabajaba.

–Quisiera pedirle que me adelantara mi fecha de jubilación. Después de trabajar tantos años en su empresa, quisiera disponer ahora de un poco más de tiempo para estar con mi familia.

El constructor se entristeció al saber que iba a perder al que era, sin duda, uno de sus mejores y más queridos hombres.

–Te concedo lo que me pides, aunque yo también quisiera pedirte algo a ti: antes de que te marches, me gustaría que colaboraras en la construcción de una última casa.

El carpintero accedió sin gran ilusión porque su mente ya no estaba en su trabajo. Empezó a hacer las cosas chapuceramente y a utilizar materiales de peor calidad. Total,¿qué más daba ya?

Cuando la casa estuvo terminada, el constructor fue a visitarla y, entregándole unas llaves al carpintero, le dijo sonriendo:

–Toma, son las llaves de tu nueva casa. Este es mi regalo para ti.

La verdadera fuerza del hombre está en su carácter, y para que exista carácter tiene que haber libertad. Muchas de las cosas que nos ocurren en la vida, somos nosotros los que, sin darnos cuenta o tal vez llevados por un cierto descuido, hemos provocado que sucedieran. A todos nos es fácil encontrar poderosas razones que justifiquen la forma en la que pensamos, sentimos o actuamos. Como no justificar, por ejemplo, el no poner todo lo que somos en lo que hacemos, en aquellas ocasiones en las que creemos que ni se nos reconoce nuestra labor y ni siquiera parece que sirva para algo. Es entonces cuando nos abandonamos, porque damos por supuesto que ya no es importante poner el sello de la excelencia en todo lo que salga de nuestras manos.

Si en nuestra vida ya no hay ilusión, si en nuestra vida ya no hay compromiso, ¿con qué materiales estamos construyendo la casa en la que, sin saberlo, un día viviremos?

Cuando vivimos sin razones que nos den la confianza y la fuerza necesarias para cambiar lo que parece un supuesto y no deseado destino, sólo nos queda algo en lo que apoyarnos:nuestras elecciones. Cuando yo elijo algo, no necesito otra razón para mi elección que el saber que es ése el material con el que yo quiero construir mi vida, me lo agradezcan o no.

¿Dónde existe más libertad?, ¿en las reacciones que automáticamente tengo, o en las elecciones que voluntariamente hago? La verdadera fuerza del hombre no está ni en el ataque ni en la huida. La verdadera fuerza del hombre está en su carácter, y para que exista carácter tiene que haber libertad. ¿Nos imaginamos el impacto en nuestra sociedad si eligiéramos ser extraordinarios en un mundo que se empeña en ser ordinario? No estoy hablando de la virtud de la bondad. Hablo de la posibilidad de actuar en libertad.

Decía James Dean que soñáramos como si fuéramos a vivir siempre y que viviéramos como si fuéramos a morir hoy. Si así fuera mi vida, yo quisiera vivir mi último día no sobre la base de unas buenas razones, y sí sobre la base de unas buenas elecciones.

COMO SE OBSERVA DE LO ANTERIOR, LA MEDIOCRIDAD ES MUY TENTADORA, PRINCIPALMENTE , POR QUE DESPUÉS DE LA ESTUPIDEZ HUMANA, ES LA QUE MÁS ABUNDA, ASI QUE:
¿CUAL SERÍA PARA USTED LA PRIMERA ELECCIÓN QUE SE DEBERÍA HACER PARA RESISTIR ESA TENTACIÓN Y FORTALECER SU CARÁCTER?
FPD

Libertad como desconexión

La obligación de estar conectados invade todos los ámbitos de la sociedad y convierte la cotidianidad en un asunto extenuante
Los costes de vivir en un planeta conectado 24 horas todos los días

Por Daniel Innerarity
http://elpais.com/elpais/2015/05/21/opinion/1432228354_208918.html

Slave

En la era de las redes y las conexiones, de los links y la instantaneidad comunicativa, la peor tragedia cotidiana es tener que escuchar que el teléfono marcado está desconectado o fuera de cobertura, que alguien tarde demasiado (es decir, dos días) en contestar un correo electrónico. Y la pérdida de conexión equivale a la muerte comunicativa, donde uno queda al margen de las oportunidades vitales. Si el fallo o la lentitud en la conexión los experimentamos como un verdadero drama es porque la comunicación inmediata forma parte de las posibilidades que damos por supuestas en una sociedad de la instantaneidad interactiva.

El éxito de la metáfora de la Red para describir la sociedad contemporánea se debe a la omnipresente realidad de la conexión. La conectividad es vista como un multiplicador de las actividades y de las oportunidades. El estado de conexión permanente se ha convertido en nuestra normalidad cotidiana. La obligación de estar conectado vale para todos los ámbitos de la sociedad: para el cultivo de la amistad, para la comunicación en la familia, para las organizaciones, la ciencia o los movimientos antiglobalización, para los niños a los que en una edad muy temprana pertrechamos con un móvil.

La conectividad es tanto un imperativo técnico como moral. Se trata de estar siempre integrado, disponible, accesible. No llevamos bien la desconexión porque estamos psicológicamente configurados con la sensación de que nos estamos perdiendo algo, sin argumentos para frenar la multiplicación de los contactos y apremiados por la exigencia de rendimiento continuo. No estar al alcance de los demás o resistirse a ciertas redes es toda una rareza. La conexión ha sido la clave de las oportunidades personales y la fuente de la riqueza para las naciones. La desigualdad digital se ha planteado como un problema de desigualdad en el acceso y no tanto a la capacidad efectiva de hacer algo con tales tecnologías.

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Ética y ciudadanía. Conferencia de Fernando Savater

Conferencia magistral impartida por el filósofo Fernando Savater en la que reflexiona sobre el concepto de ciudadanía como requisito indispensable para pensar el futuro.

Depresión: enfermedad y filosofía

Por Arnoldo Kraus
http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2014/06/70658.php

La depresión es una enfermedad frecuente. Por afectar la vitalidad, la libido, y, para muchos, el alma, el problema concierne a la medicina y a la filosofía. Prueba de ello es el libro “Plato, Not Prozac” (traducido al español, Más Platón y menos Prozac), publicado en 1999 por el filósofo Lou Marinoff. El autor ofrece “herramientas filosóficas” para afrontar los problemas cotidianos de la vida.

Años atrás se hablaba poco de depresión. Hoy se habla más. Algunos la consideran una enfermedad de moda; para médicos y salubristas impone incontables retos. No es para menos: Cada año se suicida un millón de personas, muchas de las cuales sufren depresión. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) hay en el mundo 350 millones de personas deprimidas (desconfío de los datos, pero, sin remedio, los comparto).

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La madre de nuestros males

Por Antonio Limón López
Todos los días, cuando leo la sección editorial de los diarios o cuando escucho a nuestros políticos más ilustres proponer o justificar leyes o reformas, superficiales o estructurales, siento que sus palabras me dicen, a mí y a cualquiera que los lea o escuche, que van a resolver alguno de nuestros grandes problemas nacionales, sea el de la educación, el de la distribución de la riqueza, el de las  oportunidades para los necesitados, el de justicia para los ultrajados,  y así en un infinito  etcétera.