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Rigor, disciplina y comportamiento

Rigor, disciplina y comportamiento

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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El aprendizaje está bajo la responsabilidad del estudiante. ¿En qué sentido?

En el hecho de que el conocimiento que logre apropiar es a partir del entendimiento, la experiencia y la puesta en práctica de soluciones a diversos problemas que le tocará vivir en su etapa estudiantil.

El estudiante debe trabajar al extremo de poder relacionar el saber que los docentes le posibilitan obtener, con el mundo concreto que le toca vivir. Para esto es importante dominar técnicas de comunicación, el desarrollo de habilidades de razonamiento y, por cierto, el realizar acciones eficaces conducentes a obtener el máximo provecho del trabajo realizado.

El trabajo eficaz es parte indispensable del estudiante que quiere promover un contenido teórico, obtenido por otros, a su propio dominio y parte de su persona. Mientras ello no lo logre habrá tarea pendiente.

El estudiante deberá demostrar su estado de avance en base a presentación de informes, en el proceso de evaluación mediante pruebas estandarizadas o en cualquier mecanismo que le sea facilitado para mostrar sus logros.

El dejar la responsabilidad de mostrar lo aprendido en manos de los estudiantes permite que ellos interioricen la conciencia propia y la autodirección en el propósito de
aprender.

Lo que debemos pretender, los docentes, es lograr en nuestros estudiantes “hábitos mentales”. Ellos ayudan a los estudiantes a usar sus mentes en forma correcta y así
concentran en sí mismos grandes posibilidades de éxito.

Algunas ventajas que se pueden lograr con el enseñar a pensar son:

  • Disminuyen, en los estudiantes, las respuestas impulsivas, la confusión, el descontrol, la visión limitada.
  • Puede utilizarse como una forma de cultivar disposiciones de pensamiento, es decir, puede provocar al estudiante para que frente a cualquier evento antes de
  • actuar se detenga a pensar, con ello y con la práctica, el tiempo destinado a pensar va a ir disminuyendo.
  • Se puede utilizar para profundizar en la comprensión de una situación, con ello se puede lograr que los alcances de un problema constituyan un desafío estimulante para el estudiante.
  • Se puede utilizar para crear conductas de auto aprendizaje, especialmente útil ahora que hay tantos mecanismos para la adquisición de información.

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Los estudiantes, a partir de la observación y la práctica de realizar preguntas deben aprender a recopilar información y datos que posteriormente, analizando y evaluando, le permitirán encontrar soluciones a problemas del momento o que a futuro enfrentarán.

Deberán, los estudiantes, convertirse en avezadas personas de pensamiento sofisticado y crítico que:

  • Consideran diversos puntos de vista en el análisis de información presente y referida a nuevas ideas.
  • Harán uso de la evidencia que posean para juzgar y de allí obtener conclusiones.
  • En caso alguno concluirán en base a supuestos para los cuales no se cuenta con argumentos sostenibles y verificables.
  • Conectarán líneas de relación entre las diferentes áreas de trabajo de una disciplina y las que se encuentren entre las diferentes disciplinas.
  • Deben considerar la importancia de sus propias inquietudes y buscar puntos de encuentro entre sus propósitos y la ganancia que pueden obtener de lo aprendido.
  • Serán capaces de comunicar efectivamente las ideas y preguntas que le surjan en cualquier etapa de la apropiación del conocimiento.
  • Usarán el tiempo y recursos disponibles para avanzar en la tarea del aprender.
  • Verán a los docentes como personas que pueden asesorarlos en la búsqueda de soluciones a diversos problemas.
  • Conectará vivencias familiares, sociales, académicas y otras para trazar su propio proyecto de vida.
  • Verán a la Escuela como un centro que da la oportunidad para avanzar hacia una meta que se ha propuesto a partir de la definición de un proyecto de vida.

Los estudiantes deben lograr, al más corto tiempo posible, comprender la importancia de su responsabilidad ante el aprendizaje. De esto depende que asuman un trabajo
académico con perseverancia y consistencia.

No es el docente el que tiene la responsabilidad final de que los estudiantes aprendan.
Por cierto que alguna responsabilidad tiene, pero la decisión final de aprender o no aprender es algo exclusivo del estudiante. Si hay una gran responsabilidad del docente en este tema, está referido al “enseñar a aprender”. Aquí el docente debería comportarse como un “acompañante” del estudiante en su tarea de aprender. Debe ser un “facilitador” que ayuda a que el estudiante descubra y construya su propio camino, ayudándole a seleccionar información importante, otorgándole el derecho a equivocarse, fomentándole para que se haga preguntas, para que investigue, para que busque sus propias soluciones y no espere a que se las den.

Algunos elementos que pueden contribuir a que el rigor académico de buenos frutos en los estudiantes, son:

  • Que los estudiantes dediquen más tiempo a la ejecución de tareas fuera de la Escuela.
  • Que los docentes pongan a disposición de los estudiantes experiencias de aprendizaje que tiendan a un mayor esfuerzo intelectual por parte de ellos.
  • Que los estudiantes dispongan de variadas y útiles fuentes de información, en las que se destaca una buena biblioteca y acceso fácil a medios de comunicación como es Internet

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Que los estudiantes y docentes logren una muy buena identificación con la Escuela

En relación a la disciplina.

La ubico en el contexto de la adquisición de hábitos de estudio y la realización de un trabajo sistemático con orden y método.

Estudiantes con hábitos de estudio son, por lo general, estudiantes exitosos. El mensaje de que es necesario adquirir hábitos de estudio es uno que se reitera permanentemente, pero pocas veces es asumido responsablemente por los destinatarios del mensaje: los estudiantes.

A esta necesidad se oponen, fuertemente, otras realidades que conviven con la tarea del aprendizaje. Están presentes los medios de comunicación, televisión, radio, internet, que no son usados con propósitos educativos, lo que – por cierto – es lo más fácil. Está presente el entorno, las amistades, el “carrete” de fin de semana (que a veces es casi a diario). Está presente otros factores que atentan con el uso beneficioso del tiempo libre, la poca o nula preocupación de los padres por el aprendizaje de sus hijos, los “beneficios” de la ociosidad, donde su culto impide el cansancio y el agotamiento, considerándose que hacer algo es quitar el tiempo necesario para el descanso.

Para romper esos factores opositores a la tenencia de hábitos de estudio, las personas primero deben darse cuenta, concientemente, que las etapas de formación académica son un paso necesario e indispensable para el cumplimiento de etapas de los proyectos de vida. En el supuesto que esos proyectos de vida existen y tienen consideradas las etapas educativas como metas.

Si los estudiantes no se dan cuenta que estudiar y aprender día a día otorga beneficios difícilmente tendrán la fuerza de voluntad necesaria para dejar el ocio no productivo y transformarlo en trabajo efectivo.
¿Cómo lograr que el uso del tiempo libre sea productivo? Aquí la tarea es, preferentemente, de orden familiar. Si el ambiente donde vive el estudiante no es
estimulante para adquirir la necesidad de aprender, la tarea está casi perdida. Los docentes bien poco podemos hacer para que todos los estudiantes valoren la necesidad
del estudio si previamente no se cuenta con familias que piensen lo mismo.

Algunos estudiantes, por diversas razones personales, se acercan más a los docentes que a la familia y, con ellos, será más fácil – desde la Escuela – lograr que valoricen el aprendizaje y lleguen a incorporarlo a su conducta.

A pesar de lo anterior, hay estudiantes que sin tener hábitos de estudio tienen éxito en las tareas escolares y obtienen logros académicos importantes. Cierto. Pero no son una tendencia generalizada, son excepciones a la regla. Ellos, seguramente, tendrían más logros si además de sus capacidades innatas tuvieran hábitos de estudio.

El orden y la meticulosidad con que se realizan las tareas escolares, en y fuera de la Escuela, ocupan un lugar importante en la obtención de éxito académico.

El estudiante ordenado y metódico tiene, por lo general, toda la información a la vista.

Eso le permitirá en el momento, y a futuro, tener una visión más global del problema que esté tratando de solucionar. Ese estudiante toma notas y apuntes, usa la observación como herramienta de trabajo. Está atento al entorno y es capaz de prevenir situaciones así como también recurre a elementos del pasado, aprendizajes anteriores, para lograr

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Soluciones efectivas a problemas diversos.

Este estudiante no elude las dificultades, las enfrenta, las desafía y trata, insistentemente, de superarlas.
El estudiante ordenado y metódico está más alerta cuando enfrenta situaciones nuevas.
No se “asusta” por el lenguaje o información extraña que aparece. Busca su significado de la nueva información. Suele ocurrir que un estudiante ve una fórmula extraña o una palabra desconocida y ahí se detiene, no da el paso siguiente como sería lograr la comprensión de esa fórmula extraña (¿cómo opera?, ¿qué variables involucra?, ¿qué datos son necesarios?, ¿qué datos son inútiles?, etc.) o buscar el significado de esa palabra desconocida.

El estudiante ordenado y metódico no se pierde en el camino, por lo general sabe en que lugar se encuentra en el análisis y evaluación de informaciones referidas a alguna situación específica.

El orden y método en el trabajo escolar resulta muy útil a la hora de pretender la apropiación del conocimiento.
Por otro lado, y no de menor importancia, está el comportamiento de los estudiantes.
El buen comportamiento de los estudiantes, en general, es un factor estimulante para la tarea de apropiación del conocimiento. Y aquí sí que el docente juega un rol
determinante, especialmente en el aula.
¿Por qué con docentes diferentes los estudiantes se portan de manera tan diferente?
¿Acaso los docentes no tienen un propósito común: acompañar al estudiante en su tarea de aprender?

Entra un docente al aula y los estudiantes no reconocen su ingreso, aunque lo ven entrar, y siguen en lo que estaban. El docente saluda y son muy pocos los que
responden. El docente realiza su clase y algunos estudiantes se concentran en la actividad propuesta y otros no prestan atención alguna. Esto ocurre, lamentablemente,
muchas veces.

Las normas de convivencia son indispensables y muy útiles cuando son conocidas y aceptadas por todas las partes involucradas.

Una sana convivencia posibilita buena comunicación, respeto por el otro, queda de lado el temor a hacer el ridículo, aumenta los espacios y oportunidades disponibles para el aprendizaje.

Los estudiantes saben muy bien lo que es correcto para el desarrollo de una buena clase.

Con el tiempo lo han aprendido. La cuestión está en que lo pongan en práctica. El carácter del docente y las normas de convivencia deben cooperar para que ello sea
posible.

Cuando el estudiante se da cuenta que con tal o cual docente puede hacer lo que desee, se aprovechará de cualquier oportunidad para obstaculizar el desarrollo de una clase.

A veces la situación de mala convivencia no es promovida por el “mal” estudiante, a veces es promovida por el propio docente al no respetar a los estudiantes, por ejemplo:

No da oportunidad a la pregunta crítica, no da oportunidad a la revisión de una pregunta en un procedimiento de evaluación, a veces es permisivo y otras veces no lo es. En fin, este punto es muy importante para no considerarlo.

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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A veces la situación de mala convivencia proviene de la aplicabilidad de las normas de convivencia. Ante una falta de un estudiante la respuesta de los docentes e inspectores es la búsqueda de una excusa para justificar su comportamiento. Lo anterior no está mal, pero en la acción del estudiante hay una falta, la excusa no elimina la falta, y ello no se debe dejar pasar.

Cuando estudiantes de cursos superiores se ven favorecidos por la no aplicación de normas de convivencia – uso del uniforme, corte de pelo y otros – los estudiantes de
cursos inferiores se sienten llamados a cometer las mismas infracciones y, así, resulta difícil sostener las normas.

En una Escuela la mayoría de los estudiantes se portan de acuerdo a las normas de convivencia pero hay unos pocos que se las echan al bolsillo y ello puede tener significados no deseados. Por ejemplo, suele ocurrir que siempre hay un número importante de estudiantes y docentes que se la juegan – positivamente – por la Escuela, pero por la acción de unos pocos que no respetan las normas el trabajo construido con esfuerzo y dedicación se desploma, no solo al interior de la Escuela sino que también, en forma lamentable, hacia el exterior, contribuyendo hacia un desprestigio de la institución.

En el tema del comportamiento de los estudiantes hay mucho paño que cortar.

Suele promoverse una cultura democrática por sobre una autoritaria. Lo que conceptualmente – de acuerdo a los parámetros que vivimos – es más correcto. De
acuerdo.
Pero no perdamos de vista que para una cultura democrática hay que, primero, aprender a vivir en democracia, donde cada ser es indispensable para la sociedad. Donde la opinión de cada integrante de la comunidad debe escucharse, no debe – a priori – ser desatendida.

Una forma que adquiere una visión democrática del comportamiento de los estudiantes se presenta con la idea de la “autodisciplina”. Pero la autodisciplina es algo que debe aprenderse. Antes de dar el paso a la autodisciplina debería existir una gestión, a todo nivel, que se preocupara del verdadero sentido de la autodisciplina, que se podría traducir, simplemente, en reconocer que existen, para todos los miembros de una comunidad, derechos y deberes a cumplir. Mientras esos queden en el discurso o en la declaración de intenciones, no habrá resultados positivos.

Parece ser que a través del tiempo, los últimos tiempos, el comportamiento de los estudiantes se ha ido empobreciendo, se está llegando a estados muy preocupantes pues se adoptan medidas y se implementan acciones y no se obtienen resultados positivos.

La autoridad del Docente ha perdido espacio y su sola presencia no es garantía de un buen comportamiento, esto es preocupante y mucho, pues si el Docente no es
reconocido como autoridad, estará sujeto a que no se le respete e incluso se ponga en duda su capacidad para liderar un grupo en pos del aprendizaje.

En los últimos tiempos estamos viendo, con gran preocupación, que los estudiantes parece que no tuvieran tiempo ni disposición para reconocer espacios y oportunidades en donde el respeto hacia el otro es importante.

Bueno, para ir terminando. Estas reflexiones nacen de la necesidad de una revisión interna acerca de la recurrente pregunta: ¿Estoy haciendo bien las cosas?

Hernán Verdugo Fabiani
Profesor de Matemática y Física

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Creo, que muchos Docentes creemos estar haciendo bien las cosas, sin embargo los resultados, a veces, nos dicen lo contrario. Si hay errores en nuestros logros, ¿son
errores nuestros o son errores de gestión institucional o los estudiantes no aportan lo suyo en el proceso?

Aquí una fuerte conclusión respecto a todo en general: ¡hace falta un sistema de evaluación transparente y sistemático! Hablamos de que el proceso enseñanza aprendizaje es un proceso, sin embargo hay una característica de un proceso que parece no darse en la mayoría de las Escuelas: “la evaluación continua del desempeño docente” (es usual que solo exista esta fase, donde existe, solo a fines de año) y, por cierto, la evaluación de la Gestión Institucional.

Es importante el paso que se ha dado en las negociaciones entre el Colegio de Profesores y el Ministerio de Educación en este tema, pero hay que asumirlo ¡ya!
Quedan, en todo caso, las Escuelas e instituciones de carácter privado. En ellas, lamentablemente en muchas, el resultado del proceso de evaluación docente (si es que
lo hay, pues muchas veces los docentes no conocen ese procedimiento) es desconocido hasta el último día hábil del año, cuando ya no hay oportunidades de “buscar trabajo” en caso de que la evaluación, no documentada durante el año, sea negativa para el Docente.

Falta por ver el estado en que se encuentra la evaluación del proceso de la Gestión Educacional pues, a primera vista, parece que hay muchas instituciones educacionales
en donde la dirección y la gestión en general debe mejorarse significativamente.

Falta por ver qué sucede con los estudiantes que conociendo las normas y el proyecto educativo de la Escuela no se sienten comprometidos con ellos y no las respetan.

Finalmente, y en relación al tema expuesto:
Cuando el rigor y la disciplina académica son más fuertes, las normas de convivencia pasan a segundo plano y no interfieren, en su aspecto negativo, de manera tan potente en la acción de la Escuela.

En definitiva: la buena convivencia, el rigor académico y la disciplina potencian el trabajo escolar, posibilitan el trabajo eficaz y permiten un aprendizaje real.

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MIEDOS…Carta del Profesor Francisco Postlethwaite a una alumna

Estimada Alumna:

Agradezco mucho su correo y sus comentarios, todos necesitamos y, en especial los profesores, de retroalimentación, al menos ese es mi caso.

Lamento su preocupación y arrepentimiento, por no haber decidido retomar la clase con el suscrito y, sobre todo, por las razones que usted me comenta, consistentes en el miedo que le indujeron muchos comentarios adversos de otros estudiantes.

Entiendo esos comentarios, porque yo también fui estudiante y, a esa edad es muy común el miedo al fracaso, pero con el tiempo y un ganchito, nos damos cuenta que es de los miedos más nocivos e inútiles de todos, porque nos impiden intentar y crecer, y eso, la vida después nos lo cobra muy caro, mediante el arrepentimiento de no haber hecho lo que debería haber hecho, el cual es peor que el arrepentimiento de haberlo hecho y fracasado.Porque entre hacer y no hacer, es mejor lo primero, porque nos queda la experiencia, misma que al final de cuentas es la fuente principal del conocimiento.

Dicen los psicólogos que los miedos son deseos camuflados y, por tanto, si tenemos miedo al fracaso, es porque lo deseamos. No sé si eso sea cierto, pero lo que si sé, por experiencia, es que hay que atreverse a triunfar, porque de lo contrario el miedo se convierte en cobardía

Por eso yo aprecio mucho a los alumnos que deciden tomar la clase conmigo, porque ya cuando menos atenuaron su miedo al fracaso. Claro que, subsisten otros miedos que hay que intentar superar a esa edad, como son: el miedo al ridículo, al error y al rechazo. Empero cuando menos mis alumnos ya están en el camino del cambio, porque se atrevieron a luchar contra el miedo al fracaso, mismo que, repito, de todos ellos, es el más nocivo para un estudiante que aspira a su auto realización vocacional

Espero que estos comentarios le sean útiles, pues el conocimiento, debe servirnos principalmente para tomar mejores decisiones.

Un saludo cordial

Francisco Postlethwaite D.

La Cartilla Moral de Alfonso Reyes

Documento: Cartilla Moral de Alfonso Reyes

Cartilla Moral – Alfonso Reyes

Los Cuatro Mitos

Bienvenidos a la realidad
Cuatro mitos sobre la carrera de Derecho

Primero: Que esta carrera requiere un mínimo esfuerzo: FALSO. Como muchos ya se dieron cuenta, exige un esfuerzo mayor de lo que se esperaban y lo primero que exige es responsabilidad, no sólo para hacer lo que se tiene que hacer para aprender a aprender, sino, sobretodo, para entender, porque contrario a lo que piensan, cada quien es responsable de lo que no entiende; si no se entiende lo que se lee, hay que leer más, no menos; si no se entiende lo que se escucha hay que preguntar más, no menos; si después de eso aún no se entiende hay que buscar ayuda tutorial o asesoría.

Segundo: Que el profesor es eje central del aprendizaje: FALSO. A nivel de carrera, el profesor es un mediador entre el alumno y el conocimiento, por tanto, es el alumno el agente o actor principal de su educación, es decir, que de su interés activo por aprender va a depender la calidad del resultado del proceso enseñanza-aprendizaj La función principal a de un profesor universitario es de • PROVOCAR LA CURIOSIDAD • DESAFÍAR LA INTELIGENCIA • DESPERTAR LA CONCIENCIA • INDUCIR Y COORDINAR EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO, PROVEYENDO LA INFORMACIÓN E INSTRUCCIÓN REQUERIDA PARA PENSAR CRITICAMENTE. • ALIMENTAR LA FUERZA DEL CARÁCTER. A fin de que el alumno se atreva a crecer en dirección de su capacidad de exploración, investigación y descubrimiento.

Tercero: Que la teoria es inutil, FALSO, eso lo dicen los miopes y superficiales, lo cual produce abogados mediocres e incompletos. Que son de puro barniz y no raiz.

Cuarto: Que el estudio de esta carrera, les va a resolver sus problemas, sobretodo de orden económico: FALSO. Si bien es posible que obtengan un bienestar económico decoroso, ello va depender de muchos factores, los principales siendo los derivados de la calidad de sus habilidades y aptitudes profesionales, es decir, de su pericia, más que del oportunismo. El que apuesta más a las oportunidades que a las capacidades, terminará tarde que temprano con una sensación de fracaso. Esta profesión en cualquiera de sus campos, requiere sacrificio, es decir, que antes de pensar en los frutos, se tiene que cuidar la siembra y el cultivo, por eso es una vocación antes que una profesión, esto quiere decir que antes de poder hacer lo que nos gusta tenemos que aprender a que nos guste lo que hacemos y esto significa: ESTUDIAR PARA APRENDER, no para pasar. Es más importante crecer que avanzar. La calidad de su entrega a su vocación va a terminar definiéndolos para bien o para mal.

COMENTARIO FINAL: El aprendizaje como todo proceso, implica cambio, empezando, con vencer al primer adversario que es el miedo o temor a crecer o a cambiar. El segundo paso debiera ser: eliminar o desaprender las ideas falsas que obstaculizan la atracción y fluidez de las ideas nuevas para seducir y provocar la inteligencia racional, emocional y social, de tal suerte que induzcan y conduzcan hacia el pensamiento crítico y creativo. Esto es el ser y quehacer superior que deviene del privilegio de ser un universitario. Esta es mi apuesta como profesor universitario con relación a mis alumnos y, por ende, mi deseo de que aprovechen al máximo su trayecto por esta Facultad, pues es aquí donde encontrarán el material idóneo y ambiente propicio para su crecimiento intelectual y académico. TODO DESPERDICIO CONTAMINA Y EL DEL TIEMPO CORROMPE.

Atentamente,
Francisco Postlethwaite D.